El Orden para la Administración
de la Cena del Señor, o
Santa Comunión
Introducción
¶ La Colecta, la Epístola y el Evangelio, designados para cada Domínica servirán toda la semana, cuando no esté ordenado en este Libro de otra manera.
¶ El Sacerdote, de pie ante la Santa Mesa, dirá el Padre Nuestro con la Colecta siguiente, estando el pueblo de rodillas.
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal. Amén.
La Colecta de Pureza
Omnipotente Dios, a quien toda intención se manifiesta, todo deseo se conoce, y ningún secreto se oculta: Purifica los pensamientos de nuestros corazones con la inspiración de tu Santo Espíritu, para que te amemos perfectamente y magnifiquemos dignamente tu santo Nombre; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Los Diez Mandamientos
¶ Entonces el Sacerdote, vuelto hacia el pueblo, recitará visiblemente los Diez Mandamientos.
I. Yo soy el Señor tu Dios: No tendrás dioses ajenos delante de mí.
Señor, ten piedad de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.
II. No te harás imagen de escultura.
Señor, ten piedad de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.
III. No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano.
Señor, ten piedad de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.
IV. Acuérdate del día de reposo para santificarlo.
Señor, ten piedad de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.
V. Honra a tu padre y a tu madre.
Señor, ten piedad de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.
VI. No matarás.
Señor, ten piedad de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.
VII. No cometerás adulterio.
Señor, ten piedad de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.
VIII. No hurtarás.
Señor, ten piedad de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.
IX. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
Señor, ten piedad de nosotros, e inclina nuestros corazones a guardar esta ley.
X. No codiciarás.
Señor, ten piedad de nosotros, e inscribe todas estas tus leyes en nuestros corazones, te rogamos.
La Colecta del Día
¶ Aquí se dice la Colecta del Día.
La Epístola
¶ El Subdiácono leerá la Epístola.
El Evangelio
¶ Entonces se leerá el Evangelio, estando todos de pie, diciendo el Diácono o Sacerdote:
El santo Evangelio está escrito en el capítulo … de … comenzando en el versículo …
R. Gloria a ti, oh Señor.
¶ Después del Evangelio:
R. Alabanza a ti, oh Cristo.
El Credo Niceno
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempo de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la diestra del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas; y en una, santa, católica y apostólica Iglesia. Confieso un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.
Ofertorio
¶ Se dirá una o más de estas sentencias durante el ofrecimiento de las limosnas.
Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. San Mateo 5:16
No os hagáis tesoros en la tierra, sino haceos tesoros en el cielo; porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. San Mateo 6:19-21
Todo lo que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas. San Mateo 7:12
Dad, y se os dará; porque con la misma medida con que midiereis, os volverán a medir. San Lucas 6:38
Exhortación
¶ Cuando el Sacerdote advierta que las personas son negligentes en venir a la Santa Comunión, dirá esta exhortación:
Carísimos en el Señor: Yo os exhorto, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que cuando os lleguéis a tomar el santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Salvador Cristo, consideréis la dignidad del sagrado misterio, y el gran peligro que corren los que le reciben indignamente. Examinad, pues, vuestras vidas y conducta conforme a la regla de los mandamientos de Dios, y arrepentíos de corazón de todo aquello en que hallares que habéis faltado de pensamiento, palabra u obra, y proponeos enmendar la vida.
La Confesión
¶ Entonces se hará esta Confesión General, en nombre de todos los que desean recibir la Santa Comunión, arrodillados el Sacerdote y los comulgantes.
Dios omnipotente, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Creador de todas las cosas, Juez de todos los hombres: Reconocemos y lamentamos nuestros muchos pecados y maldades, que en diversos tiempos hemos cometido, de pensamiento, de palabra, y de obra, contra tu divina Majestad, provocando justísimamente tu ira e indignación contra nosotros. Nos arrepentimos sinceramente, y nos pesa de corazón de todas estas nuestras culpas; su recuerdo es intolerable para nosotros, su peso insoportable. Ten piedad de nosotros, ten piedad de nosotros, Padre misericordiosísimo; por tu Hijo nuestro Señor Jesucristo perdona todo lo pasado; y concédenos que de aquí en adelante le sirvamos y agrademos en novedad de vida, para honra y gloria de tu Nombre; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
La Absolución
¶ El Sacerdote (u Obispo, si estuviere presente) se pondrá de pie, y vuelto hacia el pueblo, pronunciará la Absolución.
Dios omnipotente, nuestro Padre celestial, que por su gran misericordia ha prometido el perdón de los pecados a todos aquellos que con verdadero arrepentimiento y fe sincera se vuelven a él: Ten piedad de vosotros; os perdone y libre de todos vuestros pecados; os confirme y fortalezca en toda bondad, y os conduzca a la vida eterna; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Las Palabras de Confortación
¶ Entonces el Sacerdote dirá:
Oíd las palabras consoladoras que nuestro Salvador Cristo dice a todos los que se vuelven verdaderamente a él:
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. San Mateo 11:28
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. San Juan 3:16
Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores. 1 Timoteo 1:15
Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo; y él es la propiciación por nuestros pecados. 1 San Juan 2:1-2
La Consagración
Sacerdote. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Sacerdote. Elevemos los corazones.
R. Los tenemos elevados al Señor.
Sacerdote. Demos gracias al Señor nuestro Dios.
R. Es justo y digno.
Verdaderamente es justo, equitativo y saludable, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios omnipotente y eterno.
Santo, santo, santo, Señor Dios de los ejércitos. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Gloria a ti, oh Señor Altísimo. Amén.
¶ La Oración de la Consagración:
Omnipotente Dios, nuestro Padre celestial, que por tu tierna misericordia diste a tu Hijo único Jesucristo para que padeciera la muerte en la Cruz por nuestra redención; el cual hizo allí (por su oblación de sí mismo una vez ofrecida) un sacrificio, oblación y satisfacción plena, perfecta y suficiente por los pecados de todo el mundo; e instituyó, y en su santo Evangelio nos mandó continuar, una perpetua memoria de esta su preciosa muerte y sacrificio, hasta su venida otra vez:
Óyenos, oh Padre misericordioso, te suplicamos; y concede que nosotros, al recibir estas tus criaturas de pan y vino, conforme a la santa institución de tu Hijo nuestro Salvador Jesucristo, en memoria de su muerte y pasión, seamos partícipes de su santísimo Cuerpo y Sangre.
Que en la noche en que fue entregado, tomó Pan; y habiendo dado gracias, lo partió y dio a sus discípulos, diciendo: «Tomad, comed; ÉSTE ES MI CUERPO que por vosotros es dado. Haced esto en memoria de mí.»
Asimismo, después de haber cenado, tomó el Cáliz; y habiendo dado gracias, se lo dio, diciendo: «Bebed todos de éste; porque ÉSTA ES MI SANGRE del Nuevo Testamento, que por vosotros y por muchos es derramada para remisión de los pecados. Haced esto, cada vez que la bebiereis, en memoria de mí.» Amén.
La Comunión
¶ Entonces el Sacerdote recibirá primero la Comunión en ambas especies, y después la administrará a los demás.
Al distribuir el Pan:
El Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, que fue dado por ti, guarde tu cuerpo y tu alma para la vida eterna. Tómalo y cómelo en memoria de que Cristo murió por ti, y aliméntate de él en tu corazón, por la fe, con hacimiento de gracias.
Al distribuir el Cáliz:
La Sangre de nuestro Señor Jesucristo, que fue derramada por ti, guarde tu cuerpo y tu alma para la vida eterna. Bébela en memoria de que la Sangre de Cristo fue derramada por ti, y sé agradecido.
Post-Comunión
¶ Terminada la Comunión, se dirá el Padre Nuestro.
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.
Acción de Gracias
Dios omnipotente y sempiterno: Te damos humildísimas gracias porque has tenido a bien alimentarnos, a los que hemos recibido debidamente estos santos misterios, con el alimento espiritual del santísimo Cuerpo y Sangre de tu Hijo, nuestro Salvador Jesucristo; y nos aseguras así de tu favor y bondad para con nosotros; y que somos verdaderos miembros del Cuerpo místico de tu Hijo, que es la santa compañía de todos los fieles; y también herederos, por la esperanza, de tu reino eterno, en virtud de los méritos de la preciosísima muerte y pasión de tu amado Hijo. Te suplicamos humildísimamente, oh Padre celestial, nos asistas con tu gracia, para que continuemos en esa santa comunión y hagamos todas las buenas obras que has preparado para que caminemos en ellas; por Jesucristo nuestro Señor, a quien contigo y con el Espíritu Santo, sea todo honor y gloria, por los siglos de los siglos. Amén.
Gloria in Excelsis
Gloria a Dios en las alturas,
y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias por tu inmensa gloria, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros.
Porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.
La Bendición
La paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guarde vuestros corazones y vuestros pensamientos en el conocimiento y amor de Dios, y de su Hijo Jesucristo nuestro Señor; y la bendición de Dios omnipotente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, sea con vosotros y permanezca con vosotros siempre. Amén.
Colectas, Epístolas y Evangelios
Para cada Domínica y Día de Fiesta del Año Cristiano
Primer domingo de Adviento
La Colecta
Dios todopoderoso, concédenos la gracia de despojarnos de las obras de las tinieblas y revestirnos con las armas de la luz, ahora, en esta vida mortal en la cual tu Hijo Jesucristo vino a visitarnos con gran humildad; para que, en el día postrero, cuando venga otra vez con majestad gloriosa a juzgar a los vivos y a los muertos, resucitemos a la vida inmortal; por el mismo Jesucristo, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, ahora y por siempre. Amén.
Epístola. Romanos 13, 8-14
Hermanos: A nadie debáis nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo tiene cumplida la ley. Pues aquello de «no adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás», y cualquier otro mandamiento, en esta palabra se resume: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». La caridad no obra mal contra el prójimo; así que la caridad es el cumplimiento de la ley. Y esto, conociendo el tiempo: que es ya hora de despertar del sueño; porque ahora está más cerca nuestra salud que cuando empezamos a creer. Ha pasado la noche y llega el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos de las armas de la luz. Caminemos, como de día, honestamente: no en glotonerías y embriagueces, ni en sensualidades y disoluciones, ni en pendencias y envidias; antes bien, revestíos de nuestro Señor Jesucristo.
Evangelio. San Mateo 21, 1-13
En aquel tiempo: Como se acercasen a Jerusalén y llegasen a Betfagé, al monte de los Olivos, envió Jesús a dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella: desatadlos, y traédmelos. Y si alguno os dijere algo, decidle que el Señor los ha menester; y al punto los dejará. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que dijo el profeta: Decid a la hija de Sión: He aquí que tu Rey viene a ti, manso, sentado sobre una asna y un pollino, hijo de la que está bajo el yugo. Yendo los discípulos, hicieron como Jesús les mandó: trajeron el asna y el pollino, pusieron sobre ellos sus mantos, e hiciéronle sentar encima. Y una gran muchedumbre tendía sus mantos por el camino, y otros cortaban ramos de los árboles y los tendían por el camino. Y las gentes que iban delante, y las que seguían detrás, clamaban diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Y entrando Él en Jerusalén, se conmovió toda la ciudad, diciendo: ¿Quién es éste? Y el pueblo decía: Éste es Jesús, el profeta, de Nazaret de Galilea. Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: «Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones».
Segundo domingo de Adviento
La Colecta
Bendito Señor, que hiciste que las Santas Escrituras se escribiesen para nuestra enseñanza: concédenos que de tal manera las oigamos, las leamos, las consideremos, las aprendamos y las examinemos cuidadosamente, que, por la paciencia y el consuelo de tu santa Palabra, abracemos y conservemos hasta el fin la bendita esperanza de la vida eterna, que nos has dado en Jesucristo, nuestro Salvador. Amén.
Epístola. Romanos 15, 4-13
Hermanos: Todas las cosas que han sido escritas, para nuestra enseñanza están escritas, para que por la paciencia y consolación de las Escrituras tengamos esperanza. Mas el Dios de la paciencia y del consuelo os dé sentir una misma cosa entre vosotros conforme a Jesucristo, para que, unánimes, a una voz glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, recibíos los unos a los otros, como Cristo os recibió, para gloria de Dios. Yo os digo que Jesucristo fue dispensador del Evangelio, primero para los judíos circuncisos, demostrando con él la veracidad de Dios, y confirmando las promesas hechas a sus padres. Mas también los gentiles deben glorificar a Dios por su misericordia, según está escrito: «Por esto yo te alabaré, Señor, entre las naciones, y cantaré a tu nombre». Y en otro lugar: «Alegraos, gentiles, con su pueblo». Y otra vez: «Alabad al Señor todas las gentes, y ensalzadle todos los pueblos». Y asimismo Isaías dice: «Brotará el vástago de Jesé, y surgirá para gobernar a las naciones; en Él esperarán las gentes». El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y de paz en el creer, para que abundéis en esperanza y en la virtud del Espíritu Santo.
Evangelio. San Lucas 21, 25-33
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra consternación de las gentes, por la confusión que causará el ruido del mar y de sus olas. Se morirán los hombres por el temor y recelo de las cosas que sobrevendrán a todo el universo, porque las virtudes de los cielos se tambalearán; y entonces verán al Hijo del hombre venir sobre una nube con gran poder y majestad. Cuando comiencen a cumplirse estas cosas, erguíos y levantad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra redención. Y les dijo esta comparación: Ved la higuera y todos los árboles: cuando producen ya de sí el fruto, sabéis que está cerca el verano; así también, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla. El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras no pasarán.
Tercer domingo de Adviento
La Colecta
Oh Señor Jesucristo, que en tu primera venida enviaste a tu mensajero a preparar tu camino delante de ti: concede que los ministros y dispensadores de tus misterios preparen y dispongan asimismo tu camino, volviendo los corazones de los desobedientes a la sabiduría de los justos; para que, en tu segunda venida a juzgar al mundo, halles en nosotros un pueblo agradable a tus ojos; Tú que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Epístola. 1 Corintios 4, 1-5
Hermanos: Se nos ha de considerar como ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios. Lo que se requiere en los dispensadores es que se muestren fieles. Por lo que a mí toca, muy poco se me da el ser juzgado por vosotros o en cualquier juicio humano; pues ni aun yo me juzgo. Pues, si bien de nada me remuerde la conciencia, no por eso me tengo por justificado; mi juez es el Señor. Por tanto, no juzguéis antes de tiempo; dejad que venga el Señor: Él iluminará los secretos de las tinieblas y descubrirá las intenciones de los corazones; y entonces cada cual recibirá de Dios su alabanza.
Evangelio. San Mateo 11, 2-10
En aquel tiempo: Al oír Juan desde la cárcel las obras de Cristo, envió dos de sus discípulos a preguntarle: ¿Eres Tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro? Y respondiendo Jesús, les dijo: Id y contad a Juan lo que habéis oído y visto. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio; y bienaventurado el que no fuere escandalizado en Mí. Y luego que se fueron éstos, comenzó Jesús a hablar de Juan al pueblo: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña movida del viento? O ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre vestido con ropas delicadas? Cierto, los que visten finos vestidos en casas de reyes están. Pero ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Ciertamente lo es, y aún más que profeta. Porque éste es de quien está escrito: «He aquí Yo envío mi ángel ante tu faz, que preparará tu camino delante de Ti».
Cuarto domingo de Adviento
La Colecta
Omnipotente Dios, que por boca de los pequeñuelos y de los niños de pecho fundaste tu fortaleza, e hiciste que los parvulitos te glorificaran con su muerte: mortifica y destruye en nosotros todo género de vicios, y fortalécenos con tu gracia; para que, por la inocencia de nuestras vidas y por la constancia de nuestra fe hasta la muerte, glorifiquemos tu santo Nombre; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Apocalipsis 14, 1-5
En aquellos días: Miré, y he aquí el Cordero que estaba en pie sobre el monte Sión, y con Él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían escrito en la frente el nombre de Él y el nombre de su Padre. Y oí una voz del cielo, como voz de muchas aguas y como voz de un gran trueno; y la voz que oí era como de citaristas que tañían sus cítaras. Y cantaban como un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro vivientes y de los ancianos; y ninguno podía aprender aquel cántico, sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, que fueron rescatados de la tierra. Estos son los que no se mancharon con mujeres, porque son vírgenes. Estos siguen al Cordero adondequiera que va. Estos fueron rescatados de entre los hombres, como primicias para Dios y para el Cordero; y en su boca no se halló mentira, porque están sin mancha delante del trono de Dios.
Evangelio. San Mateo 2, 13-18
En aquel tiempo: El ángel del Señor apareció en sueños a José, diciendo: Levántate, toma al Niño y a su Madre, y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te avise; porque Herodes ha de buscar al Niño para matarle. Él, levantándose de noche, tomó al Niño y a su Madre, y se retiró a Egipto; y permaneció allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliese lo que dijo el Señor por el profeta: De Egipto llamé a mi Hijo. Entonces Herodes, viéndose burlado por los magos, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en toda su comarca, de dos años para abajo, conforme al tiempo que había averiguado de los magos. Entonces se cumplió lo que dijo el profeta Jeremías: Una voz se oyó en Ramá, lloro y gran lamento: Raquel llorando a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque ya no existen.
Primera Domínica después de la Natividad
La Colecta
Dios todopoderoso, que permitiste que tu bendito Hijo fuese circuncidado y sujeto a la ley por los hombres: otórganos la verdadera circuncisión del Espíritu; para que, teniendo nuestros corazones y todos nuestros miembros mortificados de todo deseo mundano y carnal, te obedezcamos en todo y por todo según tu santa voluntad; mediante el mismo Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor. Amén.
Epístola. Filipenses 2, 9-13
Hermanos: Dios ensalzó a Jesús y le dio un nombre que es sobre todo nombre; para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre. Por tanto, carísimos míos, así como siempre habéis obedecido, no solo estando yo presente, sino mucho más ahora en mi ausencia, obrad vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es el que obra en vosotros el querer y el obrar, según su buena voluntad.
Evangelio. San Lucas 2, 15-21
En aquel tiempo: Los pastores se decían unos a otros: Vayamos hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. Fueron, pues, apresuradamente, y hallaron a María, y a José, y al Niño reclinado en el pesebre. Y viéndole, entendieron lo que se les había dicho acerca de aquel Niño. Y todos los que lo oyeron se maravillaron de lo que los pastores les decían. Mas María guardaba todas estas cosas, ponderándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según se les había dicho. Y cumplidos los ocho días para circuncidar al Niño, le pusieron por nombre Jesús, el que le había puesto el ángel antes de ser concebido en el seno.
Segunda Domínica después de la Natividad
La Colecta
Oh Dios, que por medio de una estrella manifestaste tu unigénito Hijo a los gentiles: concede, por tu misericordia, que nosotros, que ahora te conocemos por la fe, después de esta vida tengamos la fruición de tu gloriosa Deidad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Efesios 3, 1-12
Hermanos: Yo, Pablo, prisionero de Jesucristo por vosotros los gentiles, pues habéis oído la dispensación de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros: cómo por revelación me fue dado a conocer el misterio, según antes lo escribí en breves palabras, por donde, leyéndolo, podéis entender mi conocimiento en el misterio de Cristo, el cual en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres como ahora ha sido revelado a sus santos Apóstoles y Profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y de un mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Jesucristo por el Evangelio, del cual yo fui hecho ministro, según el don de la gracia de Dios que me ha sido dada por la operación de su poder. A mí, el menor de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo, y de esclarecer a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada, por medio de la Iglesia, a los principados y potestades en los cielos, conforme al eterno designio que realizó en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos libertad y acceso confiado a Dios por la fe en Él.
Evangelio. San Mateo 2, 1-12
Cuando hubo nacido Jesús en Belén de Judá, en tiempo del rey Herodes, unos Magos vinieron de Oriente a Jerusalén, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarle. El rey Herodes, al oír esto, se turbó, y toda Jerusalén con él; y convocando a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les preguntaba dónde había de nacer el Cristo. Y ellos le dijeron: En Belén de Judá; porque así está escrito por el Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti ha de salir el Caudillo que regirá a mi pueblo de Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto a los Magos, se informó de ellos cuidadosamente acerca del tiempo en que les apareció la estrella; y enviándolos a Belén, les dijo: Id e informaos cuidadosamente del Niño, y cuando le hubiereis hallado, hacédmelo saber, para que yo también vaya a adorarle. Ellos, después de oír al rey, se fueron. Y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que, viniendo, se paró sobre el lugar donde estaba el Niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de grandísimo gozo; y entrando en la casa, hallaron al Niño con María, su Madre (aquí se arrodilla), y postrándose, le adoraron; y abiertos sus tesoros, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y avisados en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Primera Domínica después de Epifanía
La Colecta
Oh Señor, te suplicamos que por tu gran clemencia recibas los ruegos de tu pueblo que te invoca, y le concedas conocer y comprender lo que le conviene hacer, y también gracia y virtud para cumplirlo fielmente; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Romanos 12, 1-5
Hermanos: Os ruego, pues, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os conforméis a este siglo, antes bien transformaos por la renovación de vuestra mente, para que experimentéis cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta. Digo, pues, por la gracia que se me ha dado, a todos los que están entre vosotros, que no sepan más de lo que conviene saber, sino que sepan con templanza, y cada uno según la medida de la fe que Dios le repartió. Porque, así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, mas no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, y cada uno miembros los unos de los otros.
Evangelio. San Lucas 2, 41-52
En aquel tiempo: Iban los padres de Jesús todos los años a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Y cuando el Niño tuvo doce años, subieron ellos a Jerusalén, según la costumbre de la fiesta; y acabados aquellos días, cuando se volvían, se quedó el Niño Jesús en Jerusalén, sin que lo advirtiesen sus padres. Y creyendo que Él venía entre los de la comitiva, anduvieron camino de un día, y le buscaban entre los parientes y conocidos. Y no hallándole, se volvieron a Jerusalén en busca suya. Y aconteció que, después de tres días, le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían se pasmaban de su prudencia y de sus respuestas. Y al verle, se maravillaron; y le dijo su Madre: Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? Mira que tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando. Y Él les respondió: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en las cosas que son de mi Padre me conviene estar? Mas ellos no entendieron las palabras que les habló. Y descendió con ellos, y vino a Nazaret, y les estaba sujeto. Y su Madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, para con Dios y para con los hombres.
Segunda Domínica después de Epifanía
La Colecta
Omnipotente y eterno Dios, que gobiernas todas las cosas en el cielo y en la tierra: oye misericordiosamente las súplicas de tu pueblo, y concédenos tu paz todos los días de nuestra vida; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Romanos 12, 6-16
Hermanos: Teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada, úselos cada cual: el que tiene profecía, según la medida de la fe; el que ministerio, en servir; el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en exhortar; el que reparte, hágalo con sencillez; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría. El amor sea sin fingimiento. Aborreciendo lo malo, allegaos a lo bueno. Amándoos los unos a los otros con amor fraternal; honrándoos y prefiriéndoos los unos a los otros. En la solicitud, no perezosos; fervientes en el espíritu; sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; pacientes en la tribulación; constantes en la oración; solícitos para las necesidades de los santos; dados a la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Tened un mismo sentir los unos para con los otros; no anhelando cosas altas, sino acomodándoos a las humildes.
Evangelio. San Marcos 1, 1-11
Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Conforme está escrito en el profeta Isaías: He aquí que yo envío mi ángel delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. Estaba Juan bautizando en el desierto y predicando el bautismo de penitencia para la remisión de los pecados. Y salía a él toda la región de Judea y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Andaba Juan vestido de pelos de camello, con un ceñidor de cuero a sus lomos, y comía langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: En pos de mí viene el que es más poderoso que yo, ante quien no soy digno de postrarme y desatar la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua; mas Él os bautizará con el Espíritu Santo. Y aconteció en aquellos días que vino Jesús de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, al salir del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu descender sobre Él como paloma; y se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo amado; en ti me he complacido.
Tercera Domínica después de Epifanía
La Colecta
Omnipotente y eterno Dios, mira misericordiosamente nuestra fragilidad, y en todos nuestros peligros y necesidades extiende tu diestra para ayudarnos y defendernos; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Romanos 12, 16-21
Hermanos: No seáis sabios en vuestra propia opinión. A nadie devolváis mal por mal; procurad lo bueno, no solo delante de Dios, sino también delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, tened paz con todos los hombres. No os venguéis a vosotros mismos, carísimos, sino dad lugar a la ira; porque escrito está: Mía es la venganza; yo daré el pago, dice el Señor. Antes bien, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; que haciéndolo así, amontonarás ascuas de fuego sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal; antes vence el mal con el bien.
Evangelio. San Juan 2, 1-11
En aquel tiempo: Se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y estaba allí la Madre de Jesús. Y fue también convidado a las bodas Jesús con sus discípulos. Y faltando el vino, la Madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Y Jesús le respondió: Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti? Aún no ha llegado mi hora. Dijo su Madre a los que servían: Haced todo lo que Él os dijere. Y había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, que cabían dos o tres cántaros cada una. Díjoles Jesús: Llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Y les dijo: Sacad ahora, y llevad al maestresala. Y se lo llevaron. Y luego que el maestresala probó el agua hecha vino, no sabiendo de dónde era —aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua—, llamó al esposo y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido bien, entonces el inferior; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora. Este fue el principio de los milagros que hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria, y creyeron en Él sus discípulos.
Cuarta Domínica después de Epifanía
La Colecta
Oh Dios, que sabes que nos hallamos rodeados de tan grandes peligros que, a causa de la fragilidad de nuestra naturaleza, no podemos estar siempre firmes en lo justo: concédenos la fortaleza y la protección necesarias para sostenernos en todo peligro y triunfar de toda tentación; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Romanos 13, 1-7
Hermanos: Toda alma esté sometida a las potestades superiores; porque no hay potestad que no venga de Dios, y las que hay, por Dios han sido ordenadas. Así que quien resiste a la potestad, resiste a la ordenación de Dios; y los que resisten, ellos mismos atraen sobre sí la condenación. Porque los magistrados no son de temer para las buenas obras, sino para las malas. ¿Quieres, pues, no temer a la potestad? Haz lo bueno, y tendrás de ella alabanza; porque es ministro de Dios para tu bien. Mas si hicieres lo malo, teme; que no en vano lleva la espada, pues es ministro de Dios, vengador para castigo del que obra mal. Por lo cual es necesario que le estéis sujetos, no solo por temor del castigo, sino también por conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos; porque son ministros de Dios que en esto mismo se ocupan. Dad, pues, a todos lo que debéis: a quien tributo, tributo; a quien impuesto, impuesto; a quien temor, temor; a quien honra, honra.
Evangelio. San Mateo 8, 1-13
En aquel tiempo: Como Jesús descendiese del monte, le siguieron grandes muchedumbres; y he aquí que un leproso, acercándose, le adoraba, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Y extendiendo Jesús la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al punto quedó limpia su lepra. Y Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; mas ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece el don que mandó Moisés, en testimonio para ellos. Y habiendo entrado en Cafarnaúm, se llegó a Él un centurión, rogándole y diciendo: Señor, mi criado yace en casa paralítico, y es gravemente atormentado. Y le dijo Jesús: Yo iré y le sanaré. Y respondiendo el centurión, dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; mas di solamente una palabra, y sanará mi criado. Porque también yo soy hombre sujeto a otros, y tengo soldados a mis órdenes; y digo a este: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: En verdad os digo que ni aun en Israel he hallado fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos del Oriente y del Occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes. Entonces dijo Jesús al centurión: Ve, y como creíste te sea hecho. Y quedó sano el criado en aquella misma hora.
Quinta Domínica después de Epifanía
La Colecta
Oh Señor, te suplicamos que guardes continuamente a tu Iglesia y familia en tu verdadera religión; para que quienes se apoyan solo en la esperanza de tu gracia celestial sean siempre defendidos por tu gran poder; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Colosenses 3, 12-17
Hermanos: Revestíos, como escogidos que sois de Dios, santos y amados, de entrañas de compasión, de bondad, humildad, mansedumbre y longanimidad, sufriéndoos los unos a los otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor os ha perdonado, así habéis de hacerlo también vosotros. Pero, sobre todo, tened caridad, que es el vínculo de la perfección. Y la paz de Cristo reine en vuestros corazones, a la cual fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo more abundantemente entre vosotros, con toda sabiduría, enseñándoos y animándoos unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando de corazón a Dios con gratitud. Y todo cuanto hagáis, de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él.
Evangelio. San Mateo 13, 24-30
En aquel tiempo: Dijo Jesús a las gentes esta parábola: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Mas mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. Y cuando creció la hierba e hizo fruto, entonces apareció también la cizaña. Y llegándose los siervos del padre de familia, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres que vayamos y la recojamos? Y él respondió: No; no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; mas el trigo recogedlo en mi granero.
Sexta Domínica después de Epifanía
La Colecta
Oh Dios, cuyo bendito Hijo fue manifestado para deshacer las obras del diablo, y hacernos hijos de Dios y herederos de la vida eterna: concédenos, te suplicamos, que, teniendo esta esperanza, nos purifiquemos como Él es puro; para que, cuando aparezca otra vez con poder y gran gloria, seamos hechos semejantes a Él en su glorioso y eterno reino; donde, contigo, oh Padre, y contigo, oh Espíritu Santo, vive y reina siempre, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Epístola. 1 San Juan 3, 1-8
Carísimos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre, que nos llamemos y seamos hijos de Dios. Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él. Carísimos, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser. Sabemos que, cuando Él apareciere, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es. Y todo el que tiene esta esperanza en Él, se santifica a sí mismo, así como Él es santo. Todo el que comete pecado, quebranta también la ley; pues el pecado es la transgresión de la ley. Y sabéis que Él apareció para quitar nuestros pecados, y en Él no hay pecado. Todo el que permanece en Él, no peca; y todo el que peca, no le ha visto ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe: el que obra justicia es justo, como Él también es justo. El que comete pecado, del diablo es; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo.
Evangelio. San Mateo 24, 23-31
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno os dijere entonces: Aquí está el Cristo, o allí, no lo creáis; porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de suerte que, si posible fuera, aun los escogidos serían inducidos a error. Mirad que os lo he predicho. Así que, si os dijeren: Está en el desierto, no salgáis; o: Está en los aposentos, no lo creáis. Porque, como el relámpago sale del Oriente y se muestra hasta el Occidente, así será también la venida del Hijo del hombre. Dondequiera que estuviere el cuerpo, allí se juntarán las águilas. Y luego, después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes de los cielos serán conmovidas. Y entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo; y entonces harán duelo todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad. Y enviará sus ángeles con trompeta y gran voz, y juntarán a sus escogidos desde los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.
Domínica de Septuagésima (tercera antes de la Cuaresma)
La Colecta
Te suplicamos, Señor, que oigas benignamente los ruegos de tu pueblo; para que los que justamente somos castigados por nuestras culpas, seamos por tu bondad misericordiosamente librados, para gloria de tu Nombre; mediante Jesucristo nuestro Salvador, que, siendo un solo Dios contigo y el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Epístola. 1 Corintios 9, 24-27
Hermanos: ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos corren, mas uno solo alcanza el premio? Corred de manera que lo ganéis. Todo el que lucha en la arena de todo se abstiene; y ellos, ciertamente, por recibir una corona corruptible; mas nosotros, una incorruptible. Pues yo corro, no como a la ventura; peleo, no como quien azota al viento; antes castigo mi cuerpo y lo reduzco a servidumbre, para que no suceda que, habiendo predicado a los demás, venga yo mismo a ser reprobado.
Evangelio. San Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Semejante es el reino de los cielos a un hombre, padre de familia, que salió muy de mañana a ajustar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en darles un denario por día, los envió a su viña. Y saliendo cerca de la hora tercia, vio a otros que estaban ociosos en la plaza, y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos se fueron. Volvió a salir cerca de la hora sexta y de la nona, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban allí, y les dijo: ¿Qué hacéis aquí todo el día ociosos? Respondiéronle: Porque nadie nos ha contratado. Díceles: Id también vosotros a mi viña. Y al venir la noche, dijo el dueño de la viña a su mayordomo: Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta los primeros. Cuando vinieron los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. Y al llegar los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, diciendo: Estos últimos solo han trabajado una hora, y los has igualado con nosotros, que hemos llevado el peso del día y del calor. Mas él respondió a uno de ellos, diciendo: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; que yo quiero dar a este último tanto como a ti. ¿No me es lícito hacer de lo mío lo que quiero? ¿O es tu ojo malo porque yo soy bueno? Así los últimos serán primeros, y los primeros, últimos; porque muchos son los llamados, mas pocos los escogidos.
Domínica de Sexagésima (segunda antes de la Cuaresma)
La Colecta
Señor Dios, que conoces que no podemos confiar en nada de lo que hacemos: concédenos misericordiosamente que seamos, por tu poder, defendidos contra toda adversidad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 2 Corintios 11, 19-31
Hermanos: De buena gana soportáis a los necios, siendo vosotros sensatos; pues toleráis a quien os esclaviza, a quien os devora, a quien os roba, a quien se ensalza, a quien os hiere en el rostro. Lo digo para vergüenza mía, como si nosotros hubiésemos sido flacos en esta parte. Pero en aquello en que alguno se atreve —hablo con imprudencia— también yo me atrevo. ¿Son hebreos? También yo. ¿Son israelitas? También yo. ¿Son linaje de Abraham? También yo. ¿Son ministros de Cristo? —hablo como fuera de juicio— más lo soy yo: en trabajos, más abundante; en cárceles, más; en azotes, sin medida; en peligros de muerte, muchas veces. De los judíos recibí cinco veces cuarenta azotes menos uno; tres veces fui azotado con varas, una vez apedreado, tres veces padecí naufragio, un día y una noche estuve en lo profundo del mar. En viajes, muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchas vigilias, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y desnudez. Y además de esto, lo que cada día me agobia: la solicitud por todas las iglesias. ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿Quién se escandaliza, y yo no me abraso? Si es menester gloriarse, me gloriaré en las cosas de mi flaqueza. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que es bendito por los siglos, sabe que no miento.
Evangelio. San Lucas 8, 4-15
En aquel tiempo: Como se juntase una gran muchedumbre, y acudiesen a Él de las ciudades, dijo Jesús por semejanza: Salió el sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. Otra cayó sobre pedregal, y nacida, se secó, porque no tenía humedad. Otra cayó entre espinas, y las espinas, naciendo con ella, la ahogaron. Y otra cayó en buena tierra, y nacida, dio fruto a ciento por uno. Diciendo esto, clamaba: El que tiene oídos para oír, oiga. Y sus discípulos le preguntaban qué significaba esta parábola. Él les dijo: A vosotros os es dado conocer el misterio del reino de Dios; mas a los demás, por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. Es, pues, esta la parábola: La simiente es la palabra de Dios. Los de junto al camino son los que oyen; luego viene el diablo y quita la palabra de su corazón, para que no se salven creyendo. Los del pedregal son los que, al oír, reciben con gozo la palabra; mas estos no tienen raíces, pues creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se retiran. La que cayó entre espinas son los que oyeron, mas, andando entre los cuidados, y las riquezas, y los deleites de esta vida, se ahogan y no llevan fruto. Mas la que cayó en buena tierra son los que, oyendo la palabra con corazón bueno y muy sano, la retienen, y dan fruto en paciencia.
Domínica de Quincuagésima (inmediata a la Cuaresma)
La Colecta
Omnipotente y eterno Dios, que no aborreces nada de lo que has creado, y perdonas a todos los que con verdadera fe se arrepienten: crea en nosotros corazones nuevos y contritos, para que, lamentando dignamente nuestros pecados y reconociendo nuestra miseria, obtengamos de ti, Dios de toda misericordia, perfecto perdón; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Joel 2, 12-17
Esto dice el Señor: Convertíos a mí de todo vuestro corazón, con ayuno, con llanto y con gemidos. Rasgad vuestros corazones, y no vuestros vestidos, y convertíos al Señor Dios vuestro, porque es benigno y misericordioso, paciente y de mucha clemencia, y presto a perdonar la maldad. ¿Quién sabe si se volverá y perdonará, y dejará tras de sí bendición, ofrenda y libación para el Señor Dios vuestro? Tocad la trompeta en Sión, promulgad un ayuno santo, convocad la asamblea, reunid al pueblo, santificad la iglesia, congregad a los ancianos, juntad a los párvulos y a los niños de pecho; salga el esposo de su lecho, y la esposa de su tálamo. Entre el vestíbulo y el altar llorarán los sacerdotes, ministros del Señor, y dirán: Perdona, Señor, perdona a tu pueblo, y no entregues tu heredad al oprobio, para que la dominen las naciones.
Evangelio. San Mateo 6, 16-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Cuando ayunéis, no os pongáis tristes como los hipócritas, que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Mas tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para que no vean los hombres que ayunas, sino solamente tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo premiará. No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde el orín y la polilla los consumen, y donde los ladrones minan y roban. Antes atesorad para vosotros tesoros en el cielo, donde ni el orín ni la polilla los consumen, y donde los ladrones no minan ni roban. Porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón.
Primer domingo de Cuaresma
La Colecta
Oh Señor, que por amor nuestro ayunaste cuarenta días y cuarenta noches: concédenos vivir con tal abstinencia que, sujeta nuestra carne al Espíritu, obedezcamos siempre tus divinas inspiraciones en verdadera justicia y santidad, para honra y gloria tuya; que, siendo un solo Dios con el Padre y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Epístola. 2 Corintios 6, 1-10
Hermanos: Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque Él dice: En el tiempo favorable te oí, y en el día de la salvación te socorrí. Mirad, ahora es el tiempo favorable; ahora es el día de la salvación. A nadie demos motivo de escándalo, para que no sea vituperado nuestro ministerio; antes, en todo, mostrémonos como ministros de Dios: en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias, en azotes, en cárceles, en sediciones, en trabajos, en vigilias, en ayunos; en castidad, en ciencia, en longanimidad, en mansedumbre, en el Espíritu Santo, en caridad sincera, en palabra de verdad, en poder de Dios; con las armas de la justicia, a diestra y a siniestra; por honra y por deshonra, por infamia y por buena fama; como engañadores, aunque veraces; como desconocidos, aunque bien conocidos; como moribundos, y he aquí que vivimos; como castigados, mas no muertos; como tristes, aunque siempre alegres; como pobres, aunque enriqueciendo a muchos; como quienes nada tienen, aunque lo poseen todo.
Evangelio. San Mateo 4, 1-11
En aquel tiempo: Fue llevado Jesús por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre. Y llegándose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la ciudad santa, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y te llevarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra. Jesús le dijo: También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios. De nuevo le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás; porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás. Entonces le dejó el diablo; y he aquí que llegaron los ángeles y le servían.
Segundo domingo de Cuaresma
La Colecta
Dios todopoderoso, que ves que no hay en nosotros poder alguno para valernos: guárdanos exteriormente en nuestros cuerpos e interiormente en nuestras almas; para que seamos librados de todas las adversidades que puedan dañar al cuerpo, y de todos los malos pensamientos que puedan asaltar y herir el alma; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 1 Tesalonicenses 4, 1-8
Hermanos: Os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús que, así como recibisteis de nosotros la manera en que os conviene andar y agradar a Dios, así abundéis más y más. Porque ya sabéis qué preceptos os hemos dado de parte del Señor Jesús. Pues esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os apartéis de la fornicación; que cada uno de vosotros sepa poseer su vaso en santidad y honor, y no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; y que ninguno oprima ni engañe en negocio a su hermano, porque el Señor es vengador de todas estas cosas, como ya os lo dijimos y testificamos. Pues no nos llamó Dios a la inmundicia, sino a la santificación, en Cristo Jesús Señor nuestro.
Evangelio. San Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo: Saliendo Jesús, se retiró a las partes de Tiro y de Sidón. Y he aquí que una mujer cananea, que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Ten misericordia de mí, Señor, Hijo de David; mi hija es gravemente atormentada del demonio. Pero Él no le respondió palabra. Y llegándose sus discípulos, le rogaban, diciendo: Despáchala, pues viene gritando tras nosotros. Él respondió y dijo: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Mas ella vino y le adoró, diciendo: Señor, socórreme. Él respondió y dijo: No es bueno tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondió Jesús y le dijo: ¡Oh mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como quieres. Y desde aquella hora quedó sana su hija.
Tercer domingo de Cuaresma
La Colecta
Te suplicamos, omnipotente Dios, que atiendas a los deseos de tus humildes siervos, y extiendas la diestra de tu Majestad para que sea nuestra defensa contra todos nuestros enemigos; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Efesios 5, 1-14
Hermanos: Sed imitadores de Dios, como hijos amados, y andad en amor, como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, como ofrenda y sacrificio a Dios en olor de suavidad. Pero la fornicación y toda impureza, o avaricia, ni aun se nombren entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras torpes, ni necias, ni truhanerías, que no convienen; sino antes bien acciones de gracias. Porque sabéis esto: que ningún fornicario, o impuro, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Que nadie os engañe con vanas palabras, pues por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de la desobediencia. No seáis, pues, partícipes con ellos. Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz —pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad—, aprobando lo que es agradable al Señor; y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien reprendedlas. Porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son reprendidas, por la luz son manifestadas; porque todo lo que se manifiesta, luz es. Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.
Evangelio. San Lucas 11, 14-28
En aquel tiempo: Estaba Jesús lanzando un demonio, que era mudo; y sucedió que, salido el demonio, el mudo habló, y las gentes se maravillaron. Pero algunos de ellos dijeron: Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios. Y otros, para tentarle, le pedían una señal del cielo. Mas Él, viendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo será asolado, y caerá casa sobre casa. Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo subsistirá su reino? porque decís que por Beelzebú echo fuera los demonios. Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, vuestros hijos, ¿por quién los echan? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. Mas si por el dedo de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. Cuando el fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee; mas si sobreviene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas las armas en que confiaba, y reparte sus despojos. El que no está conmigo, contra mí está; y el que conmigo no recoge, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa, de donde salí. Y viniendo, la halla barrida y aderezada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Y aconteció que, diciendo Él estas cosas, una mujer de entre la muchedumbre levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te llevó, y los pechos que mamaste. Mas Él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la guardan.
Cuarto domingo de Cuaresma
La Colecta
Concede, te suplicamos, omnipotente Dios, que nosotros, que por nuestras malas obras merecemos justamente ser castigados, por el consuelo de tu gracia seamos misericordiosamente aliviados; mediante nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Amén.
Epístola. Gálatas 4, 21-31
Hermanos: Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿no habéis leído la ley? Porque escrito está que Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava, y otro de la libre. Mas el de la esclava nació según la carne; el de la libre, por la promesa. Estas cosas tienen un sentido alegórico; pues estas mujeres son las dos alianzas: la una, del monte Sinaí, que engendra para servidumbre, la cual es Agar. Porque Agar es el monte Sinaí, en Arabia, y corresponde a la Jerusalén de ahora, que está en servidumbre con sus hijos. Mas la Jerusalén de arriba, que es nuestra madre, es libre. Porque escrito está: Alégrate, oh estéril, que no das a luz; prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto; porque más son los hijos de la abandonada que los de aquella que tiene marido. Nosotros, hermanos, somos, como Isaac, hijos de la promesa. Pero, como entonces el que nació según la carne perseguía al que nació según el Espíritu, así también ahora. Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo; porque no será heredero el hijo de la esclava con el hijo de la libre. Así que, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre; por la libertad con que Cristo nos hizo libres.
Evangelio. San Juan 6, 1-14
En aquel tiempo: Se fue Jesús al otro lado del mar de Galilea, que es el de Tiberíades; y le seguía una gran muchedumbre, porque veían los milagros que hacía en los enfermos. Subió, pues, Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Y como alzase Jesús los ojos y viese que había venido a Él una gran muchedumbre, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos panes para que coman estos? Mas esto lo decía para probarle, porque Él bien sabía lo que había de hacer. Respondióle Felipe: Doscientos denarios de pan no les bastan, para que cada uno tome un poco. Díjole uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; mas ¿qué es esto para tantos? Entonces dijo Jesús: Haced recostar a la gente. Había mucha hierba en aquel lugar. Recostáronse, pues, los varones, en número como de cinco mil. Y tomó Jesús los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban recostados; y asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que han sobrado, para que no se pierda nada. Los recogieron, pues, y llenaron doce cestos de pedazos, que sobraron a los que habían comido de los cinco panes de cebada. Aquellos hombres, viendo el milagro que Jesús había hecho, decían: Este es verdaderamente el profeta que ha de venir al mundo.
Quinto domingo de Cuaresma, comúnmente llamado Domingo de Pasión
La Colecta
Te suplicamos, omnipotente Dios, que mires misericordiosamente a tu pueblo; para que, por tu gran bondad, sea siempre gobernado y guardado, en cuerpo y alma; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Hebreos 9, 11-15
Hermanos: Cristo, habiendo venido como Pontífice de los bienes venideros, por otro tabernáculo más amplio y más perfecto, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, entró una vez para siempre en el santuario, no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, habiendo hallado una redención eterna. Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros, y la ceniza de la ternera esparcida sobre los inmundos, santifica para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Santo se ofreció a sí mismo, sin mancha, a Dios, limpiará nuestra conciencia de las obras muertas, para servir al Dios vivo? Y por esto es mediador del nuevo testamento, para que, interviniendo la muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer testamento, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna, en Cristo Jesús Señor nuestro.
Evangelio. San Juan 8, 46-59
En aquel tiempo: Dijo Jesús a las turbas de los judíos: ¿Quién de vosotros me argüirá de pecado? Si os digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por eso vosotros no las oís, porque no sois de Dios. Respondieron los judíos y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio? Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre, y vosotros me habéis deshonrado. Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzga. En verdad, en verdad os digo: si alguno guardare mi palabra, no verá la muerte para siempre. Dijéronle, pues, los judíos: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú dices: Si alguno guardare mi palabra, no gustará la muerte para siempre. ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? Y los profetas también murieron. ¿Quién te haces a ti mismo? Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, del cual vosotros decís que es vuestro Dios; y no le habéis conocido; mas yo le conozco; y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra. Abraham, vuestro padre, se regocijó por ver mi día; lo vio, y se gozó. Dijéronle entonces los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Díjoles Jesús: En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham fuese, Yo soy. Tomaron entonces piedras para arrojárselas; mas Jesús se escondió, y salió del templo.
Domingo de Ramos (Domínica de la Pasión del Señor)
La Colecta
Concédenos, oh Señor, que así como somos bautizados en la muerte de tu bienaventurado Hijo, nuestro Salvador Jesucristo, así también, mortificando de continuo nuestros deseos corrompidos, seamos sepultados con Él; y que, por el sepulcro y la puerta de la muerte, pasemos a nuestra gozosa resurrección; por los méritos de Aquel que murió, fue sepultado y resucitó por nosotros, tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 1 San Pedro 3, 17-22
Hermanos: Mejor es que padezcáis haciendo el bien, si esa fuere la voluntad de Dios, que haciendo el mal. Porque también Cristo padeció una sola vez por nuestros pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios; siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu; en el cual fue también, y predicó a los espíritus que estaban en prisión, los que en otro tiempo fueron desobedientes, cuando en los días de Noé esperaba la paciencia de Dios, mientras se aparejaba el arca, en la cual pocas, es decir, ocho almas, fueron salvadas por el agua. A la figura de la cual el bautismo, que ahora corresponde, nos salva también a nosotros (no quitando las inmundicias de la carne, sino como testimonio de una buena conciencia delante de Dios), por la resurrección de Jesucristo, el cual está a la diestra de Dios, habiendo subido al cielo, y a quien están sujetos los ángeles, las potestades y las virtudes.
Evangelio. San Mateo 27, 57-66
En aquel tiempo: Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también era discípulo de Jesús. Este fue a Pilato, y le pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y arrimando una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. Y estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro. Y al día siguiente, que es después de la preparación, los príncipes de los sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos; y será el último error peor que el primero. Díjoles Pilato: Guardia tenéis; id, aseguradlo como sabéis. Y ellos fueron, y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.
Domingo de Pascua (Domingo de Resurrección)
La Colecta
Concédenos, te suplicamos, Dios todopoderoso, que los que celebramos con reverencia la fiesta de Pascua seamos dignos de alcanzar el gozo eterno; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Hechos 13, 26-41
En aquellos días, dijo Pablo: Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros temen a Dios: a vosotros es enviada la palabra de esta salvación. Porque los que habitaban en Jerusalén, y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las voces de los profetas que se leen cada sábado, las cumplieron al condenarle. Y sin hallar en Él causa de muerte, pidieron a Pilato que le matase. Y cumplidas todas las cosas que estaban escritas de Él, quitándole del madero, le pusieron en el sepulcro. Mas Dios le levantó de entre los muertos; y Él fue visto por muchos días de los que habían subido juntamente con Él de Galilea a Jerusalén, los cuales son sus testigos ante el pueblo. Y nosotros también os anunciamos la promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como también está escrito en el salmo segundo: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. Y que le levantó de entre los muertos, para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles prometidas a David. Por eso dice también en otro lugar: No permitirás que tu Santo vea corrupción. Porque a la verdad David, habiendo servido en su tiempo a la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción; mas aquel a quien Dios resucitó no vio corrupción. Séaos, pues, notorio, varones hermanos, que por medio de Él se os anuncia la remisión de los pecados; y de todo aquello de que no pudisteis ser justificados por la ley de Moisés, en Él es justificado todo aquel que cree. Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas: Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced; porque yo obro una obra en vuestros días, obra que no creeréis, aunque alguien os la contare.
Evangelio. San Lucas 24, 36-48
En aquel tiempo: Jesús se puso en medio de sus discípulos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces ellos, espantados y atemorizados, pensaban que veían un espíritu. Mas Él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y suben tales pensamientos a vuestros corazones? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved, que un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y no creyéndolo aún ellos de gozo, y maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y Él lo tomó, y comió delante de ellos. Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de entre los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de los pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas.
Primera Domínica después de Pascua (Domínica in Albis)
La Colecta
Padre omnipotente, que diste a tu Hijo unigénito para morir por nuestros pecados y resucitar para nuestra justificación: concédenos que, apartando de nosotros la levadura de malicia e iniquidad, te sirvamos siempre en pureza de vida y de verdad; por los méritos del mismo tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 1 San Juan 5, 4-12
Carísimos: Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es aquel que vino por agua y sangre, Jesucristo: no por agua solamente, sino por agua y sangre. Y el Espíritu es quien da testimonio de que Cristo es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son una sola cosa. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan en uno. Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio de Dios, que es mayor, el cual dio acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene en sí el testimonio de Dios. El que no cree al Hijo, hace a Dios mentiroso, porque no cree en el testimonio que Dios ha dado de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado la vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo, no tiene la vida.
Evangelio. San Juan 20, 19-23
En aquel tiempo: Siendo ya tarde aquel día, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas del lugar donde los discípulos se hallaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús y se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Y dicho esto, les mostró las manos y el costado. Se llenaron, pues, de gozo los discípulos, viendo al Señor. Díjoles otra vez: Paz a vosotros. Como el Padre me envió, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló sobre ellos, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo: a los que perdonareis los pecados, les serán perdonados; y a los que se los retuviereis, les serán retenidos.
Segunda Domínica después de Pascua (del Buen Pastor)
La Colecta
Dios todopoderoso, que nos has dado a tu único Hijo para ser a la vez sacrificio por el pecado y dechado de vida santa: danos gracia para recibir con perpetuo agradecimiento este inestimable beneficio, y para esforzarnos cada día en seguir los benditos pasos de su santísima vida; mediante el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 1 San Pedro 2, 19-25
Carísimos: Cosa agradable es a Dios que, por respeto a Él, soporte alguno las molestias, padeciendo injustamente. Porque ¿qué gloria será, si pecando y siendo abofeteados lo sufrís? Mas si, haciendo bien, sufrís con paciencia, esto sí que es agradable delante de Dios. Pues para esto habéis sido llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas. El cual no cometió pecado, ni fue hallado engaño en su boca; el cual, cuando le maldecían, no maldecía; cuando padecía, no amenazaba, antes se entregaba al que le juzgaba injustamente; el cual llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que, muertos al pecado, vivamos a la justicia; por cuyas heridas habéis sido sanados. Porque erais como ovejas descarriadas; mas ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.
Evangelio. San Juan 10, 11-16
En aquel tiempo: Dijo Jesús a los fariseos: Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por sus ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo, y deja las ovejas, y huye; y el lobo las arrebata y dispersa las ovejas. Y el asalariado huye, porque es asalariado, y no le pertenecen las ovejas. Yo soy el buen Pastor, y conozco mis ovejas, y las mías me conocen a mí. Así como el Padre me conoce a mí, y yo conozco al Padre; y doy mi vida por mis ovejas. Y tengo otras ovejas que no son de este redil; a aquellas también me conviene traer, y oirán mi voz, y se hará un solo rebaño y un solo Pastor.
Tercera Domínica después de Pascua
La Colecta
Dios todopoderoso, que muestras la luz de tu verdad a los que andan errados, para que puedan volver al camino de la justicia: concede que todos los que son admitidos en la comunión de la fe cristiana rehúsen cuanto sea contrario a su profesión y sigan cuanto le sea conforme; mediante nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Epístola. 1 San Pedro 2, 11-17
Carísimos: Os ruego, como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que combaten contra el alma. Observad una buena conducta entre los gentiles, para que, en aquello mismo en que os calumnian como a malhechores, considerando vuestras buenas obras, glorifiquen a Dios en el día de la visitación. Estad, pues, sometidos a toda humana criatura por amor del Señor: ya sea al rey, como a soberano, ya sea a los gobernadores, como a enviados suyos para castigo de los malhechores y alabanza de los buenos. Porque esta es la voluntad de Dios: que, obrando el bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos. Comportaos como libres, mas no como quienes hacen de la libertad un velo para la malicia, sino como siervos de Dios. Honrad a todos, amad a la fraternidad, temed a Dios, honrad al rey.
Evangelio. San Juan 16, 16-22
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Dentro de poco ya no me veréis, y de nuevo dentro de poco me volveréis a ver, porque voy al Padre. Dijeron entonces algunos de sus discípulos unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: «Dentro de poco ya no me veréis, y de nuevo dentro de poco me volveréis a ver», y «porque voy al Padre»? Decían, pues: ¿Qué es este «dentro de poco» de que habla? No sabemos lo que dice. Conoció Jesús que deseaban preguntarle, y les dijo: Andáis inquiriendo entre vosotros sobre lo que dije: «Dentro de poco ya no me veréis, y de nuevo dentro de poco me volveréis a ver.» En verdad, en verdad os digo que vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo se alegrará; vosotros estaréis tristes, mas vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, tiene tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del apuro, por el gozo de que ha nacido un hombre al mundo. Así también vosotros ahora ciertamente tenéis tristeza; pero de nuevo os veré, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.
Cuarta Domínica después de Pascua
La Colecta
Dios todopoderoso, único que puedes ordenar las voluntades y los afectos rebeldes de los hombres pecadores: concede a tu pueblo la gracia de amar lo que mandas y desear lo que prometes; para que, entre los variados y múltiples cambios de este mundo, nuestros corazones queden firmemente puestos allí donde se hallan los verdaderos gozos; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Santiago 1, 17-21
Carísimos: Todo buen don y toda dádiva perfecta viene de lo alto, y desciende del Padre de las luces, en quien no hay mudanza ni sombra de variación. Porque de su propia voluntad nos engendró por la palabra de la verdad, para que fuésemos como las primicias de sus criaturas. Ya lo sabéis, hermanos míos muy amados. Sea, pues, todo hombre pronto para escuchar, mas tardo para hablar, y tardo para la ira; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por lo cual, desechando toda inmundicia y todo resto de malicia, recibid con mansedumbre la palabra injertada en vosotros, la cual puede salvar vuestras almas.
Evangelio. San Juan 16, 5-15
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Voy a Aquel que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas? Antes bien, porque os he dicho estas cosas, la tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; mas, si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, argüirá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no han creído en mí; de justicia, porque voy al Padre, y ya no me veréis; de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está juzgado. Muchas cosas me quedan aún por deciros, mas por ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga aquel Espíritu de verdad, os enseñará toda la verdad; porque no hablará de sí mismo, sino que dirá cuanto oyere, y os anunciará las cosas venideras. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío, y os lo anunciará. Todo cuanto tiene el Padre es mío; por eso dije que recibirá de lo mío y os lo anunciará.
Quinta Domínica después de Pascua (Domínica de Rogación)
La Colecta
Otórganos, te suplicamos, oh Dios todopoderoso, que así como creemos que tu unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo, subió a los cielos, así también con el corazón y la mente allá ascendamos, y de continuo con Él moremos; quien contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Epístola. Hechos 1, 1-11
En mi primer tratado, oh Teófilo, hablé de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que, habiendo dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido, fue recibido arriba; a los cuales, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles por espacio de cuarenta días y hablándoles del reino de Dios. Y estando reunido con ellos, les mandó que no se fuesen de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí; porque Juan a la verdad bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Entonces los que se habían reunido le preguntaban, diciendo: Señor, ¿restituirás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos ni las sazones que el Padre puso en su sola potestad; mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y una nube le recibió y le quitó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que Él se iba, he aquí que dos varones se pusieron junto a ellos con vestiduras blancas, los cuales les dijeron: Varones galileos, ¿qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.
Evangelio. San Lucas 24, 49-53
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: He aquí que yo enviaré sobre vosotros la promesa de mi Padre; mas vosotros quedaos en la ciudad de Jerusalén hasta que seáis investidos del poder de lo alto. Y los sacó fuera hasta Betania; y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que, mientras los bendecía, se separó de ellos, y era llevado arriba al cielo. Y ellos, habiéndole adorado, se volvieron a Jerusalén con gran gozo; y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén.
Domínica después de la Ascensión
La Colecta
Concede, te suplicamos, Dios misericordioso, que tu Iglesia, congregada en unidad por tu Santo Espíritu, manifieste tu poder entre todas las naciones, para gloria de tu Nombre; mediante Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el mismo Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Epístola. Hechos 8, 14-17
En aquellos días: Los apóstoles que estaban en Jerusalén, oyendo que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo descendido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo. Porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.
Evangelio. San Juan 10, 1-10
En aquel tiempo: Dijo Jesús a los fariseos: En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. Esta parábola les dijo Jesús; mas ellos no entendieron qué era lo que les decía. Volvió, pues, Jesús a decirles: En verdad, en verdad os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron son ladrones y salteadores; pero las ovejas no los oyeron. Yo soy la puerta: el que por mí entrare será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
Domínica de la Trinidad
La Colecta
Dios todopoderoso y eterno, que has concedido a tus siervos la gracia de confesar, por la verdadera fe, la gloria de la Trinidad eterna, y de adorar la Unidad en el poder de la Majestad divina: te suplicamos que nos conserves firmes en esta fe y nos defiendas siempre de toda adversidad; Tú que vives y reinas, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Epístola. Apocalipsis 4, 1-11
En aquellos días: Miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta que hablaba conmigo, decía: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas. Y al instante fui en el Espíritu; y he aquí, un trono estaba puesto en el cielo, y uno sentado en el trono. Y el que estaba sentado era semejante en el aspecto a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en el aspecto a la esmeralda. Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro sobre sus cabezas. Y del trono salían relámpagos, truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, que son los siete espíritus de Dios. Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y en medio del trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás. El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios todopoderoso, que era, y que es, y que ha de venir. Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria, honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder; porque Tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.
Evangelio. San Juan 3, 1-16
En aquel tiempo: Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo: el que no naciere de nuevo no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: En verdad, en verdad te digo: el que no naciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas no sabes de dónde viene, ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? En verdad, en verdad te digo que hablamos lo que sabemos, y testificamos lo que hemos visto; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Primera Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Oh Dios, fortaleza de todos los que en ti confían, recibe misericordiosamente nuestras súplicas; y puesto que, por la fragilidad de nuestra naturaleza mortal, nada bueno podemos hacer sin ti, concédenos el auxilio de tu gracia, para que, guardando tus mandamientos, te agrademos tanto de corazón como de obra; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 1 San Juan 4, 7-21
Carísimos: Amémonos unos a otros, porque la caridad procede de Dios; y todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es caridad. En esto se manifestó la caridad de Dios para con nosotros: en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por Él. En esto consiste la caridad: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Carísimos, si Dios así nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su caridad se ha perfeccionado en nosotros. En esto conocemos que permanecemos en Él, y Él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre envió al Hijo para ser Salvador del mundo. Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído la caridad que Dios tiene para con nosotros. Dios es caridad; y el que permanece en caridad permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado la caridad en nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio; pues como Él es, así somos nosotros en este mundo. En la caridad no hay temor, sino que la perfecta caridad echa fuera el temor; porque el temor lleva consigo castigo. De donde el que teme no ha sido perfeccionado en la caridad. Nosotros le amamos, porque Él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios, a quien no ha visto? Y nosotros tenemos de Él este mandamiento: que el que ama a Dios ame también a su hermano.
Evangelio. San Lucas 16, 19-31
En aquel tiempo: Dijo Jesús a los fariseos: Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino finísimo, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, y deseaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y lamían sus llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y estando en el infierno, alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate de que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; mas ahora este es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, entre nosotros y vosotros está puesto un gran abismo, de modo que los que quisieren pasar de aquí a vosotros no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.
Segunda Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Oh Señor, que nunca dejas de ayudar y dirigir a los que enseñas a amarte y reverenciarte: consérvanos, te suplicamos, bajo el amparo de tu benigna providencia, y haz que amemos y reverenciemos sin cesar tu santo Nombre; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 1 San Juan 3, 13-24
Carísimos: No os maravilléis si el mundo os aborrece. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en sí. En esto hemos conocido la caridad: en que Él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Mas el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora la caridad de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y en verdad. Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguramos nuestros corazones delante de Él; porque si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y Él conoce todas las cosas. Carísimos, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de Él. Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros, como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que Él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado.
Evangelio. San Lucas 14, 16-24
En aquel tiempo: Dijo Jesús a los fariseos esta parábola: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Y otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces, enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos. Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados gustará mi cena.
Tercera Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Oh Señor, te suplicamos que nos escuches misericordiosamente; y concede a los que nos has dado un ferviente deseo de orar, que por tu poderoso auxilio seamos defendidos y consolados en todos los peligros y adversidades; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 1 San Pedro 5, 5-11
Carísimos: Sed todos sujetos unos a otros, y revestíos de humildad; porque Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os ensalce cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos que están en el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, Él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A Él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.
Evangelio. San Lucas 15, 1-10
En aquel tiempo: Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. Entonces les propuso esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la perdida hasta hallarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento. ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende una lámpara, barre la casa y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
Cuarta Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Oh Dios, defensor de los que en ti confían, sin quien nada es fuerte ni santo: acrecienta y multiplica tu misericordia para con nosotros; a fin de que, siendo Tú nuestro director y guía, pasemos de tal modo por las cosas temporales, que no perdamos finalmente las eternas. Concédenos esto, oh Padre celestial, por amor de Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Romanos 8, 18-23
Hermanos: Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria que en nosotros ha de ser revelada. Porque el ardiente anhelo de la creación aguarda la manifestación de los hijos de Dios. Pues la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sujetó, en esperanza de que también la misma creación será libertada de la esclavitud de corrupción, para participar de la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora. Y no solo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.
Evangelio. San Lucas 6, 36-42
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir. Y les decía una parábola: ¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfecto será como su maestro. ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no consideras la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.
Quinta Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Concede, oh Señor, te suplicamos, que el curso de este mundo sea tan pacíficamente ordenado por tu poder, que tu Iglesia pueda servirte alegremente en completa y piadosa tranquilidad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 1 San Pedro 3, 8-15a
Carísimos: Sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario bendiciendo, sabiendo que para esto fuisteis llamados, para que heredaseis bendición. Porque el que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal y sus labios no hablen engaño; apártese del mal y haga el bien; busque la paz y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra los que hacen mal. ¿Y quién es aquel que os podrá dañar, si seguís el bien? Mas también si padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Y no temáis sus amenazas, ni os turbéis; antes bien, santificad al Señor Dios en vuestros corazones.
Evangelio. San Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo: Aconteció que, estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, que era de Simón, le rogó que la apartase un poco de tierra; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondió Simón y le dijo: Maestro, toda la noche hemos trabajado, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque el temor se había apoderado de él y de todos los que estaban con él, por la pesca que habían hecho; y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando llevaron las barcas a tierra, dejándolo todo, le siguieron.
Sexta Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Oh Dios, que has preparado para los que te aman bienes tan grandes que sobrepasan la inteligencia humana: infunde en nuestros corazones tal amor hacia ti, que, amándote sobre todas las cosas, alcancemos tus promesas, que exceden a cuanto podamos desear; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Romanos 6, 3-11
Hermanos: ¿No sabéis que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que, como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con Él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con Él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de Él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro.
Evangelio. San Mateo 5, 20-26
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será reo de juicio. Mas yo os digo que todo aquel que se enoje contra su hermano será reo de juicio; y cualquiera que diga a su hermano: Raca, será reo ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al fuego del infierno. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte pronto de acuerdo con tu adversario, mientras estás con él en el camino; no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel.
Séptima Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Oh Señor de todo poder y fuerza, autor y dador de todo bien: injerta en nuestros corazones el amor a tu Nombre, aumenta en nosotros la verdadera religión, nútrenos de toda bondad y, por tu gran misericordia, guárdanos en ella; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Romanos 6, 19-23
Hermanos: Hablo como hombre, por vuestra debilidad carnal. Porque así como presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, para la iniquidad, así ahora presentad vuestros miembros para servir a la justicia, para santificación. Porque cuando erais siervos del pecado, erais libres en cuanto a la justicia. ¿Pero qué fruto teníais entonces de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora, libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por fruto la santificación, y como fin la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte; mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Evangelio. San Marcos 8, 1-9
En aquel tiempo: Habiendo de nuevo una gran multitud, y no teniendo qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y si los envío en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, porque algunos de ellos han venido de lejos. Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a estos aquí en el desierto? Él les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete. Entonces mandó a la multitud que se sentase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió y los dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud. Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante. Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas. Eran los que comieron como cuatro mil; y los despidió.
Octava Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Oh Dios, cuya infalible providencia ordena todas las cosas en el cielo y en la tierra: te suplicamos humildemente que te dignes apartar de nosotros todo lo nocivo, y otorgarnos lo que nos sea provechoso; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Romanos 8, 12-17
Hermanos: Somos deudores, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados.
Evangelio. San Mateo 7, 15-21
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Se recogen acaso uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así todo buen árbol da buenos frutos; mas el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar buenos frutos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Novena Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Te suplicamos, Señor, nos concedas el espíritu de pensar y hacer siempre lo que es justo, para que nosotros, que sin ti nada bueno podemos hacer, seamos por ti capaces de vivir según tu santa voluntad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 1 Corintios 10, 1-13
Hermanos: No quiero que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de la mayoría de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a divertirse. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. Ni tentemos al Señor, como algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; mas fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados más de lo que podáis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportarla.
Evangelio. San Lucas 15, 11-32
En aquel tiempo: Dijo Jesús a los fariseos esta parábola: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde. Y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando lo hubo gastado todo, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para apacentar cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, y nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré, iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, le vio su padre, y fue movido a misericordia; y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; poned un anillo en su mano y calzado en sus pies; y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas. Y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: Tu hermano ha venido, y tu padre ha matado el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás; y nunca me has dado ni un cabrito para regocijarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. Entonces él le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.
Décima Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Escucha, oh Señor, las oraciones de tus humildes siervos; y, para que puedan obtener sus peticiones, haz que pidan las cosas que sean de tu agrado; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 1 Corintios 12, 1-11
Hermanos: No quiero, pues, que ignoréis acerca de los dones espirituales. Sabéis que cuando erais gentiles, os dejabais arrastrar hacia los ídolos mudos. Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; ni nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Mas a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a uno es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como Él quiere.
Evangelio. San Lucas 19, 41-47
En aquel tiempo: Cuando Jesús estuvo cerca de Jerusalén, al ver la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, siquiera en este tu día, lo que conduce a tu paz! Mas ahora está encubierto a tus ojos. Porque vendrán sobre ti días en que tus enemigos te rodearán con vallado, te sitiarán y te estrecharán por todas partes, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti; y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación. Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él, diciéndoles: Escrito está: Mi casa es casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y enseñaba cada día en el templo.
Undécima Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Oh Dios, que manifiestas tu poder supremo principalmente mostrando piedad y misericordia: concédenos misericordiosamente tu gracia en tal medida que, siguiendo el camino de tus mandamientos, alcancemos tus bondadosas promesas y seamos partícipes de tu tesoro celestial; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 1 Corintios 15, 1-11
Hermanos: Os declaro el Evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis y en el cual perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven todavía, y otros ya duermen. Después apareció a Santiago; después a todos los apóstoles. Y el último de todos, como a un abortivo, se me apareció también a mí. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; aunque no yo, sino la gracia de Dios que fue conmigo. Pues sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído.
Evangelio. San Lucas 18, 9-14
En aquel tiempo: Dijo Jesús esta parábola a unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los demás: Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque todo aquel que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
Duodécima Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Dios todopoderoso y eterno, que estás siempre más dispuesto a oírnos que nosotros a pedir, y que acostumbras darnos más de lo que deseamos y merecemos: derrama sobre nosotros la abundancia de tu misericordia, perdonándonos todo aquello por lo que nuestras conciencias están temerosas, y dándonos los bienes que no somos dignos de pedir sino por los méritos y mediación de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.
Epístola. 2 Corintios 3, 4-9
Hermanos: Esta confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos suficientes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia procede de Dios. El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo testamento, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, mas el Espíritu da vida. Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del Espíritu? Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justicia.
Evangelio. San Marcos 7, 31-37
En aquel tiempo: Saliendo Jesús de los términos de Tiro, vino por Sidón al mar de Galilea, pasando por los términos de Decápolis. Y le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que pusiese la mano sobre él. Y tomándole aparte de la multitud, metió sus dedos en los oídos de él, y escupiendo, tocó su lengua; y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Effetá, esto es: Ábrete. Al momento fueron abiertos sus oídos, y fue desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien. Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más lo divulgaban. Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.
Decimotercera Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Dios todopoderoso y misericordioso, de quien solamente proviene el don de que tu pueblo fiel sea capaz de servirte sincera y laudablemente: te suplicamos nos concedas que te sirvamos tan fielmente en esta vida, que al fin obtengamos tus promesas celestiales; por los méritos de Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Gálatas 3, 16-22
Hermanos: A Abraham fueron hechas las promesas, y a su descendencia. No dice: Y a las descendencias, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu descendencia, la cual es Cristo. Esto, pues, digo: el testamento confirmado antes por Dios en Cristo, la ley, que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa. Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham por medio de la promesa. ¿Para qué, pues, sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la descendencia a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles, en mano de un mediador. Y el mediador no lo es de uno solo, pero Dios es uno. ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? De ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. Mas la Escritura encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.
Evangelio. San Lucas 10, 23-37
En aquel tiempo: Volviéndose Jesús a sus discípulos, les dijo aparte: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis; porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. Y he aquí un doctor de la ley se levantó para probarle, diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, de toda tu alma, de todas tus fuerzas y de toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron, le hirieron y se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, le vio, y pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él; y viéndole, fue movido a misericordia. Y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Otro día, al partir, sacó dos denarios, y los dio al posadero, y le dijo: Cuida de él; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando vuelva. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
Decimocuarta Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Dios poderoso y eterno, danos aumento de fe, esperanza y caridad; y, para que alcancemos lo que prometes, haz que amemos lo que mandas; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Gálatas 5, 16-24
Hermanos: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Mas si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, embriagueces, orgías y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os advierto, como ya os lo dije antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Y los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
Evangelio. San Lucas 17, 11-19
En aquel tiempo: Aconteció que, yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, que se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando Él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que, mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y este era samaritano. Respondió Jesús y dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? ¿Y los nueve dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.
Decimoquinta Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Te suplicamos, oh Señor, que con tu perpetua misericordia guardes a tu Iglesia; y puesto que la fragilidad humana sin ti no puede menos que caer, defiéndenos siempre con tu auxilio de cuanto nos pueda dañar, y dirígenos a cuanto conduzca a nuestra salvación; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Gálatas 6, 11-18
Hermanos: Mirad con cuán grandes letras os escribo de mi propia mano. Todos los que quieren agradar en la carne, estos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución por la cruz de Cristo. Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis para gloriarse en vuestra carne. Mas lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva criatura. Y a todos los que anduvieren conforme a esta regla, paz y misericordia sean sobre ellos y sobre el Israel de Dios. De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo llevo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu, hermanos. Amén.
Evangelio. San Mateo 6, 24-34
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; pero os digo que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si la hierba del campo, que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán; basta a cada día su propio mal.
Decimosexta Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Oh Señor, te suplicamos que con tu continua piedad purifiques y defiendas a tu Iglesia; y, por cuanto ella no puede continuar en seguridad sin tu socorro, presérvala siempre con tu ayuda y bondad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Efesios 3, 13-21
Hermanos: Os ruego que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria. Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os conceda, conforme a las riquezas de su gloria, ser fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en caridad, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer la caridad de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a Él sea gloria en la Iglesia por Cristo Jesús, por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.
Evangelio. San Lucas 7, 11-17
En aquel tiempo: Aconteció después que Jesús iba a una ciudad llamada Naín; e iban con Él muchos de sus discípulos y una gran multitud. Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar; y lo dio a su madre. Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros, y: Dios ha visitado a su pueblo. Y se difundió esta fama de Él por toda Judea y por toda la región circunvecina.
Decimoséptima Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Señor, te suplicamos que tu gracia nos prevenga y acompañe siempre, y nos haga emplearnos continuamente en buenas obras; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Efesios 4, 1-6
Hermanos: Yo, prisionero en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados; con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en caridad; procurando guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como también fuisteis llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.
Evangelio. San Lucas 14, 1-11
En aquel tiempo: Aconteció que entrando Jesús en casa de uno de los principales fariseos, un sábado, para comer pan, ellos le acechaban. Y he aquí que estaba delante de Él un hombre hidrópico. Entonces Jesús, respondiendo, habló a los doctores de la ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado? Mas ellos callaron. Entonces Él, tomándole, le sanó y le despidió. Y respondiendo a ellos, dijo: ¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en un pozo, no lo sacará luego, aun en día de sábado? Y no le podían responder a estas cosas. Observando cómo los convidados escogían los primeros asientos, les dijo una parábola: Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar; no sea que otro más honorable que tú haya sido convidado por él, y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a este; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces tendrás honra delante de los que se sientan contigo a la mesa. Porque cualquiera que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
Decimoctava Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Señor, te suplicamos, concede gracia a tu pueblo para resistir las tentaciones del mundo, de la carne y del diablo, y para seguirte con corazones y ánimos puros, a ti, el único Dios; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 1 Corintios 1, 4-8
Hermanos: Doy gracias a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en Él, en toda palabra y en todo conocimiento; así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros, de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.
Evangelio. San Mateo 22, 34-46
En aquel tiempo: Los fariseos, oyendo que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron. Y uno de ellos, intérprete de la ley, le preguntó para tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, de toda tu alma y de toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas. Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. Él les dijo: ¿Pues cómo David, en el Espíritu, le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? Y nadie le podía responder palabra; ni desde aquel día osó alguno preguntarle más.
Decimonovena Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Oh Dios, puesto que sin ti no podemos complacerte: concédenos misericordiosamente que tu Santo Espíritu dirija y gobierne nuestros corazones en todas las cosas; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Efesios 4, 17-32
Hermanos: Esto digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los demás gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído y habéis sido por Él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos; y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en justicia y santidad de la verdad. Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó en Cristo.
Evangelio. San Mateo 9, 1-8
En aquel tiempo: Entrando Jesús en una barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad. Y he aquí que le trajeron un paralítico, tendido en una cama. Y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados. Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema. Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? Porque, ¿qué es más fácil: decir «Tus pecados te son perdonados», o decir «Levántate y anda»? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —dijo entonces al paralítico—: Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. Entonces él se levantó y se fue a su casa. Y la multitud, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.
Vigésima Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Dios todopoderoso y muy misericordioso, te suplicamos que, por tu generosa bondad, nos preserves de todas las cosas que puedan hacernos daño; para que, estando dispuestos en cuerpo y alma, cumplamos alegremente todo lo que mandas; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Efesios 5, 15-21
Hermanos: Mirad, pues, con diligencia cómo andáis; no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo; sometiéndoos unos a otros en el temor de Dios.
Evangelio. San Mateo 22, 1-14
En aquel tiempo: Respondiendo Jesús, les habló otra vez en parábolas, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo. Y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas, pero no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza y otro a sus negocios; y los demás, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas y quemó su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas, mas los que fueron convidados no eran dignos. Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. Y saliendo los siervos por los caminos, reunieron a todos los que hallaron, malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.
Vigesimoprimera Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Te suplicamos, oh misericordioso Señor, que concedas a tus fieles perdón y paz, para que sean limpios de todos sus pecados y te sirvan con ánimo tranquilo; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Efesios 6, 10-20
Hermanos: Fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haber acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con la preparación del Evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Tomad también el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, para que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del Evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; para que con denuedo hable de Él, como debo hablar.
Evangelio. San Juan 4, 46-54
En aquel tiempo: Vino Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaúm un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. Este, cuando oyó que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a Él y le rogaba que descendiese y sanase a su hijo, que estaba para morir. Entonces Jesús le dijo: Si no veis señales y prodigios, no creeréis. El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. Cuando ya descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a mejorar. Y le dijeron: Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre. El padre entonces entendió que aquella era la misma hora en que Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa. Esta segunda señal hizo Jesús, cuando vino de Judea a Galilea.
Vigesimosegunda Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Señor, te suplicamos que conserves a tu familia, la Iglesia, en continua piedad; para que, por tu protección, esté libre de todas las adversidades y se consagre devotamente a servirte con buenas obras, para gloria de tu Nombre; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Filipenses 1, 3-11
Hermanos: Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, haciendo siempre con gozo oración por todos vosotros en todas mis súplicas, por vuestra comunión en el Evangelio desde el primer día hasta ahora; estando persuadido de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. Como es justo que yo sienta esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón, y porque tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación del Evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia. Porque Dios me es testigo de cuánto os amo a todos con el entrañable amor de Jesucristo. Y esto pido en oración: que vuestro amor abunde aún más y más en conocimiento y en todo discernimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia, que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.
Evangelio. San Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo: Acercándose Pedro a Jesús, le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, mandó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrado a sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había sucedido. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.
Vigesimotercera Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Oh Dios, nuestro refugio y fortaleza, que eres autor de toda piedad: te suplicamos que estés siempre dispuesto a escuchar las humildes súplicas de tu Iglesia, y concede que lo que te pedimos con verdadera fe lo obtengamos efectivamente; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Filipenses 3, 17-21
Hermanos: Sed imitadores de mí, y mirad a los que así andan, según el ejemplo que tenéis en nosotros. Porque muchos andan, de quienes os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; los cuales solo piensan en lo terrenal. Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de nuestra humillación, para que sea semejante al cuerpo de su gloria, según el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.
Evangelio. San Mateo 22, 15-22
En aquel tiempo: Los fariseos fueron y consultaron cómo sorprender a Jesús en alguna palabra. Y le enviaron sus discípulos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres. Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no? Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Ellos le presentaron un denario. Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron.
Vigesimocuarta Domínica después de la Trinidad
La Colecta
Oh Señor, te suplicamos que absuelvas a tu pueblo de sus ofensas, para que por tu benignidad seamos libres de las ataduras de los pecados que, por nuestra fragilidad, hemos cometido. Concédenos esto, oh Padre celestial, por amor de Jesucristo, nuestro bendito Señor y Salvador. Amén.
Epístola. Colosenses 1, 3-12
Hermanos: Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por vosotros, habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos, a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del Evangelio, que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad; como lo habéis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, que es fiel ministro de Cristo para vosotros; el cual también nos ha declarado vuestro amor en el Espíritu. Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual; para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad con gozo; dando gracias al Padre, que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz.
Evangelio. San Mateo 9, 18-26
En aquel tiempo: Mientras Jesús les hablaba estas cosas, vino un principal y se postró ante Él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá. Y levantándose Jesús, le siguió con sus discípulos. Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó el borde de su vestido; porque decía dentro de sí: Si tan solo tocare su vestido, seré sana. Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha sanado. Y la mujer fue sana desde aquella hora. Y entrando Jesús en casa del principal, viendo a los que tocaban flautas y la multitud que hacía alboroto, les dijo: Retiraos, porque la niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de Él. Pero, cuando la gente fue echada fuera, entró, tomó de la mano a la niña, y ella se levantó. Y se difundió la fama de esto por toda aquella tierra.
San Andrés, Apóstol
La Colecta
Dios todopoderoso, que por tu gracia hiciste que tu santo Apóstol Andrés obedeciese prestamente al llamamiento de tu Hijo Jesucristo, y le siguiese sin dilación alguna: danos también gracia a todos nosotros para que, siendo llamados por tu santa Palabra, nos entreguemos sin tardanza a cumplir obedientemente tus santos mandamientos; mediante el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Romanos 10, 9-21
Hermanos: Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, mas con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en Él creyere no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego; pues el mismo que es Señor de todos es rico para con todos los que le invocan. Porque todo aquel que invocare el Nombre del Señor será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a Aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Mas no todos obedecieron al Evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? Así que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios. Pero digo: ¿No han oído? Antes bien, por toda la tierra ha salido la voz de ellos, y hasta los confines del mundo sus palabras. También digo: ¿No ha conocido esto Israel? Primeramente Moisés dice: Yo os provocaré a celos con un pueblo que no es pueblo; con pueblo insensato os provocaré a ira. E Isaías dice resueltamente: Fui hallado de los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por mí. Pero acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor.
Evangelio. San Mateo 4, 18-22
En aquel tiempo: Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano, que echaban la red en el mar, porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, su hermano, en una barca con Zebedeo, su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. Ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.
Santo Tomás, Apóstol
La Colecta
Dios eterno y todopoderoso, que, para mayor confirmación de la fe, permitiste que tu Apóstol santo Tomás dudase de la resurrección de tu Hijo: concédenos que creamos tan indubitable y perfectamente en tu Hijo Jesucristo, que nuestra fe ante ti sea irreprensible. Óyenos, oh Señor, mediante el mismo Jesucristo, a quien, contigo y el Espíritu Santo, sea todo honor y gloria ahora y por siempre. Amén.
Evangelio. San Juan 20, 24-31
En aquel tiempo: Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Hemos visto al Señor. Mas él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Ocho días después estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio, y dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron. Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.
Conversión de San Pablo
La Colecta
Oh Dios, que, por medio de la predicación de tu bendito Apóstol san Pablo, has hecho resplandecer la luz del Evangelio por todo el mundo: concédenos, te suplicamos, que, teniendo en memoria su maravillosa conversión, te manifestemos nuestro agradecimiento por ella, siguiendo la santa doctrina que él enseñó; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Hechos 9, 1-22
En aquellos días: Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que, si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los llevase presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que, al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos no veía a nadie; así que, llevándole de la mano, le introdujeron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió. Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un hombre llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los príncipes de los sacerdotes para prender a todos los que invocan tu Nombre. El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi Nombre en presencia de los gentiles, de los reyes y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi Nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al instante le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al punto la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. Y en seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios. Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es este el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este Nombre, y que había venido acá para llevarlos presos ante los príncipes de los sacerdotes? Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo.
Evangelio. San Mateo 19, 27-30
En aquel tiempo: Respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? Y Jesús les dijo: En verdad os digo que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi Nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.
Presentación de Cristo en el Templo, comúnmente llamada Purificación de la Santa Virgen María
La Colecta
Omnipotente y eterno Dios, humildemente suplicamos a tu Majestad que, como tu unigénito Hijo fue en un tiempo como este presentado en el templo en la sustancia de nuestra carne, así seamos presentados a ti con corazones puros y limpios; por el mismo tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Malaquías 3, 1-5
Así dice el Señor: He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el Ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho el Señor de los ejércitos. ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿O quién podrá estar en pie cuando Él se manifieste? Porque Él es como fuego purificador y como jabón de lavadores. Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y ofrecerán al Señor ofrenda en justicia. Y será grata al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados y como en los años antiguos. Y vendré a vosotros para juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros, contra los que juran falsamente, contra los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, y contra los que hacen injusticia al extranjero, no temiéndome a mí, dice el Señor de los ejércitos.
Evangelio. San Lucas 2, 22-40
En aquel tiempo: Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor; y para ofrecer, conforme a lo que se dice en la ley del Señor, un par de tórtolas o dos palominos. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes que viese al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al templo; y cuando los padres del niño Jesús le trajeron para hacer por Él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos: luz para revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel. Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de Él. Y los bendijo Simeón, y dijo a María, su madre: He aquí, este está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha; y una espada traspasará tu misma alma, para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones. Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada; pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén. Y cuando hubieron cumplido todas las cosas según la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el niño crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre Él.
San Matías, Apóstol
La Colecta
Dios omnipotente, que escogiste en lugar de Judas, el traidor, a tu fiel siervo Matías, para que fuese contado entre los doce Apóstoles: concede que tu Iglesia, preservada siempre de falsos apóstoles, sea gobernada y dirigida por fieles y verdaderos pastores; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Hechos 1, 15-26
En aquellos días: Pedro, levantándose en medio de los hermanos —y los reunidos eran como ciento veinte en número—, dijo: Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura que el Espíritu Santo, por boca de David, había dicho antes acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús; pues era contado con nosotros y tenía parte en este ministerio. Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo; y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre. Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien habite en ella; y: Tome otro su obispado. Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurrección. Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que Judas se desvió para irse a su propio lugar. Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.
Evangelio. San Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo: Respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre conoce alguno sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga.
Anunciación de la Bendita Virgen María
La Colecta
Te suplicamos, oh Señor, que derrames tu gracia en nuestros corazones; para que, como por el mensaje de un ángel hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo, así, por su cruz y pasión, seamos llevados a la gloria de su resurrección; mediante el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Isaías 7, 10-15
En aquellos días: Habló también el Señor a Acaz, diciendo: Pide para ti señal del Señor tu Dios, demandándola ya sea de lo profundo, o de lo alto. Y respondió Acaz: No pediré, ni tentaré al Señor. Dijo entonces Isaías: Oíd ahora, casa de David. ¿Os es poco el ser molestos a los hombres, sino que también lo seáis a mi Dios? Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.
Evangelio. San Lucas 1, 26-38
En aquel tiempo: Al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón llamado José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel a donde ella estaba, dijo: Dios te salve, muy favorecida; el Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su Nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios. Y he aquí, tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de ella.
San Marcos, Evangelista
La Colecta
Dios todopoderoso, que has instruido a tu santa Iglesia con la celestial doctrina de tu evangelista san Marcos: danos gracia para que no seamos como niños movidos por cualquier soplo de vana doctrina, sino que permanezcamos firmes en la verdad de tu santo Evangelio; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Efesios 4, 7-16
Hermanos: A cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió es el mismo que también subió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo. Y Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error; sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en Aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
Evangelio. San Juan 15, 1-11
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que no permanece en mí será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me amó, también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo permanezca en vosotros, y vuestro gozo sea completo.
San Felipe y Santiago, Apóstoles
La Colecta
Dios todopoderoso, a quien conocer verdaderamente es vida eterna: concede que conozcamos perfectamente que tu Hijo Jesucristo es el camino, la verdad y la vida; para que, siguiendo los pasos de tus santos Apóstoles san Felipe y Santiago, recorramos con perseverancia el camino que conduce a la vida eterna; mediante el mismo tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Santiago 1, 1-12
Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud. Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; mas el rico, en su humillación, porque él pasará como la flor de la hierba. Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todos sus negocios. Bienaventurado el hombre que soporta la prueba, porque cuando haya resistido, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman.
Evangelio. San Juan 14, 1-14
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta; mas el Padre, que mora en mí, Él hace las obras. Creedme que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras. En verdad, en verdad os digo: El que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi Nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi Nombre, yo lo haré.
San Bernabé, Apóstol
La Colecta
Oh Señor Dios todopoderoso, que investiste a tu santo Apóstol Bernabé con dones excelentes del Espíritu Santo: no permitas que seamos desprovistos de la abundancia de tus dones, ni de la gracia de usarlos para tu honra y gloria; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Hechos 11, 22-30
En aquellos días: Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé para que fuese hasta Antioquía. Este, cuando llegó y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor. Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor. Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le llevó a Antioquía. Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía. En aquellos días descendieron profetas de Jerusalén a Antioquía. Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.
Evangelio. San Juan 15, 12-16
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este: que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre os las he dado a conocer. No me escogisteis vosotros a mí, sino que yo os escogí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi Nombre, Él os lo dé.
San Juan Bautista
La Colecta
Dios todopoderoso, por cuya providencia tu siervo Juan Bautista nació milagrosamente, y fue enviado a preparar el camino de tu Hijo, nuestro Salvador, predicando el arrepentimiento: concede que sigamos de tal manera su santa vida y doctrina, que, de acuerdo con su predicación, nos arrepintamos verdaderamente; y que, a ejemplo suyo, hablemos la verdad constantemente, reprochemos con denuedo los vicios y suframos con toda paciencia por causa de la verdad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Isaías 40, 1-11
Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén, y decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano del Señor por todos sus pecados. Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y se manifestará la gloria del Señor, y toda carne juntamente la verá; porque la boca del Señor ha hablado. Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué he de decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo. La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento del Señor sopló en ella; ciertamente, como hierba es el pueblo. Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre. Súbete sobre un monte alto, tú que anuncias buenas nuevas a Sión; levanta fuertemente tu voz, tú que anuncias buenas nuevas a Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: He aquí vuestro Dios. He aquí que el Señor Dios vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con Él, y su paga delante de su rostro. Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo recogerá los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas.
Evangelio. San Lucas 1, 57-80
En aquel tiempo: A Elisabet se le cumplió el tiempo de dar a luz, y dio a luz un hijo. Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios había engrandecido para con ella su misericordia, y se regocijaron con ella. Aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar al niño, y le llamaban Zacarías, según el nombre de su padre; pero respondiendo su madre, dijo: No; se llamará Juan. Le dijeron: No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre. Entonces preguntaban por señas a su padre cómo le quería llamar. Y pidiendo una tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron. Al momento fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios. Y vino temor sobre todos sus vecinos; y en todas las montañas de Judea se divulgaron todas estas cosas. Y todos los que las oían las guardaban en su corazón, diciendo: ¿Quién, pues, será este niño? Y la mano del Señor estaba con él. Y Zacarías, su padre, fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David, su siervo, como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron; para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su santo pacto, del juramento que juró a Abraham, nuestro padre, que nos había de conceder que, librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos en santidad y justicia delante de Él todos nuestros días. Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor, para preparar sus caminos, para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitará desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz. Y el niño crecía y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.
San Pedro, Apóstol
La Colecta
Dios todopoderoso, que por tu Hijo Jesucristo dotaste de excelentes dones a tu Apóstol san Pedro, y le ordenaste apacentar con todo empeño tu rebaño: te suplicamos que concedas a todos los obispos y pastores la gracia de predicar diligentemente tu santa Palabra, y al pueblo el deseo de cumplirla obedientemente, a fin de que pueda recibir la corona de la gloria eterna; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Hechos 12, 1-11
En aquellos días: El rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. Y mató a espada a Santiago, hermano de Juan. Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Eran entonces los días de los panes sin levadura. Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le guardasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la Pascua. Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos. Le dijo el ángel: Cíñete y cálzate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme. Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión. Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se apartó de él. Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba.
Evangelio. San Mateo 16, 13-19
En aquel tiempo: Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
Santiago, Apóstol
La Colecta
Oh Dios misericordioso, concede que, como tu Apóstol Santiago, dejando a su padre y todo lo que tenía, sin tardanza alguna obedeció el llamamiento de tu Hijo Jesucristo y le siguió, así nosotros abandonemos nuestros afectos mundanos y carnales, y estemos siempre dispuestos a seguir tus santos mandamientos; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Evangelio. San Mateo 20, 20-28
En aquel tiempo: Se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante Él y pidiéndole algo. Él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Entonces Jesús, respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del cáliz que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Ellos le dijeron: Podemos. Él les dijo: A la verdad, de mi cáliz beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre. Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos. Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así; sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; así como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Transfiguración de Cristo
La Colecta
Oh Dios, que en el monte revelaste ante escogidos testigos a tu unigénito Hijo maravillosamente transfigurado, con vestiduras blancas y resplandecientes: concede misericordiosamente que, siendo libertados de las inquietudes de este mundo, podamos contemplar al Rey en toda su hermosura, quien contigo, oh Padre, y contigo, oh Espíritu Santo, es un solo Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Epístola. 2 San Pedro 1, 13-18
Amados: Tengo por justo, entre tanto que estoy en este tabernáculo, despertaros con amonestación, sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me lo ha declarado. También yo procuraré con diligencia que, después de mi partida, podáis en todo momento tener memoria de estas cosas. Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Pues cuando recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con Él en el monte santo.
Evangelio. San Lucas 9, 28-36
En aquel tiempo: Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Santiago, y subió al monte a orar. Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. Y he aquí, dos varones hablaban con Él, los cuales eran Moisés y Elías; quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén. Pedro y los que estaban con Él estaban cargados de sueño; pero permaneciendo despiertos, vieron su gloria y a los dos varones que estaban con Él. Y aconteció que, apartándose ellos de Él, Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es que estemos aquí; hagamos tres enramadas: una para ti, una para Moisés y una para Elías; no sabiendo lo que decía. Mientras él decía esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube. Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a Él oíd. Y cuando cesó la voz, Jesús fue hallado solo; y ellos callaron, y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.
San Bartolomé, Apóstol
La Colecta
Dios eterno y todopoderoso, que concediste a tu Apóstol Bartolomé la gracia de creer verdaderamente y predicar tu Palabra: te suplicamos concedas a tu Iglesia que ame esa misma Palabra, la reciba y la predique; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Hechos 5, 12-16
En aquellos días: Por mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.
Evangelio. San Lucas 22, 24-30
En aquel tiempo: Hubo también entre los discípulos una contienda sobre cuál de ellos parecía ser el mayor. Mas Jesús les dijo: Los reyes de las naciones las dominan, y los que tienen potestad sobre ellas son llamados bienhechores. Pero vosotros no así; antes bien, el mayor entre vosotros sea como el menor, y el que gobierna, como el que sirve. Porque ¿quién es mayor: el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve. Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas; y yo os ordeno el reino, como mi Padre me lo ordenó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
San Mateo, Apóstol y Evangelista
La Colecta
Oh todopoderoso Dios, que por la boca de tu bendito Hijo llamaste a san Mateo del banco de los tributos, para que de publicano se convirtiese en Apóstol y Evangelista: danos gracia para renunciar a toda avaricia y desordenado deseo de riquezas, y para seguir al mismo Jesucristo tu Hijo, que en unidad del Espíritu Santo vive y reina contigo eternamente. Amén.
Epístola. 2 Corintios 4, 1-6
Hermanos: Teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. Antes bien, renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios. Pero si nuestro Evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo.
Evangelio. San Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo: Pasando Jesús de allí, vio a un hombre que estaba sentado al banco de los tributos, el cual se llamaba Mateo; y le dijo: Sígueme. Y él se levantó y le siguió. Y aconteció que, estando Jesús sentado a la mesa en casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Y viendo esto los fariseos, dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Y oyéndolo Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Andad, pues, y aprended qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio; porque no he venido a llamar justos, sino pecadores al arrepentimiento.
San Miguel y Todos los Ángeles
La Colecta
Oh Dios eterno, que has ordenado y constituido los servicios de los Ángeles y de los hombres en orden maravilloso: otorga misericordiosamente que, como tus santos Ángeles te sirven siempre en el cielo, así, por tu mandato, nos socorran y defiendan en la tierra; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Apocalipsis 12, 7-12
Fue hecha una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón; y lidiaba el dragón y sus ángeles, y no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña a todo el mundo; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. Y oí una gran voz en el cielo que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque el acusador de nuestros hermanos ha sido arrojado, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio; y no amaron sus vidas hasta la muerte. Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo.
Evangelio. San Mateo 18, 1-10
En aquel tiempo: Se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, le puso en medio de ellos, y dijo: En verdad os digo que si no os volvéis y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que cualquiera que se humillare como este niño, este es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que recibiere en mi Nombre a un niño como este, a mí me recibe. Y cualquiera que hiciere caer a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y se le anegase en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque necesario es que vengan tropiezos; pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Por tanto, si tu mano o tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar cojo o manco en la vida, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno del fuego. Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos.
San Lucas, Evangelista
La Colecta
Omnipotente Dios, que inspiraste a tu siervo san Lucas el Médico a manifestar en el Evangelio el amor y el poder sanativo de tu Hijo: demuestra en tu Iglesia el mismo poder y amor, para salud de nuestros cuerpos y salvación de nuestras almas; mediante tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 2 Timoteo 4, 5-15
Amado: Tú vela en todo, soporta las aflicciones, haz la obra de evangelista, cumple tu ministerio. Porque yo ya estoy para ser ofrecido, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida. Procura venir pronto a verme, porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica; Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia. Solo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio. A Tíquico envié a Éfeso. Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, especialmente los pergaminos. Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras.
Evangelio. San Lucas 10, 1-7a
En aquel tiempo: Designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de sí a toda ciudad y lugar adonde Él había de ir. Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino. En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. Y permaneced en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario.
San Simón y San Judas, Apóstoles
La Colecta
Dios todopoderoso, que edificaste tu Iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles y Profetas, siendo Jesucristo la principal piedra angular: concede que estemos tan estrechamente unidos en espíritu, por medio de su doctrina, que seamos hechos un templo santo y aceptable a ti; mediante Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Epístola. Efesios 2, 19-22
Hermanos: Ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Jesucristo mismo la principal piedra angular, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.
Evangelio. San Juan 15, 17-27
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Esto os mando: Que os améis unos a otros. Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me aborreció antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió. Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado. El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece. Si yo no hubiera hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora las han visto y me han aborrecido a mí y a mi Padre. Mas esto sucede para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron. Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.
Todos los Santos
La Colecta
Dios todopoderoso, que en el cuerpo místico de tu Hijo, Cristo nuestro Señor, has reunido a todos tus escogidos en una sola comunión y hermandad: danos gracia para que imitemos a tus benditos santos en toda virtuosa y santa vida, y que lleguemos a los indecibles gozos que tú has preparado para los que te aman sinceramente; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Apocalipsis 7, 2-4
9-12. En aquellos días: Vi otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel. Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero. Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: Amén. La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, la honra, el poder y la fortaleza sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Evangelio. San Mateo 5, 1-12
En aquel tiempo: Viendo Jesús la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a Él sus discípulos. Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros mintiendo por causa de mí. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
Conmemoración de un Santo
La Colecta
Dios todopoderoso, que nos has llamado a la fe en ti y nos has rodeado de una nube tan grande de testigos: concede que, animados por el buen ejemplo de tus santos, y especialmente de tu siervo [san ——], podamos perseverar en la carrera que nos es propuesta, hasta que al fin, por tu misericordia, nosotros, junto con ellos, alcancemos tu gozo eterno; mediante Aquel que es autor y consumador de nuestra fe, tu Hijo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Hebreos 12, 1-2
Hermanos: Nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe; el cual, por el gozo puesto delante de Él, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
Evangelio. San Mateo 25, 31-40
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con Él, entonces se sentará en su trono de gloria; y serán reunidas delante de Él todas las naciones, y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.
Fiesta de Dedicación de una Iglesia
La Colecta
Oh Dios, a quien año tras año alabamos por la dedicación de esta Iglesia: escucha, te suplicamos, las oraciones de tu pueblo, y concede que todo el que venga a este lugar para rendirte el debido culto pueda obtener tu socorro y protección misericordiosos; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 1 San Pedro 2, 1-5
Hermanos: Desechando toda malicia, todo engaño, hipocresías, envidias y toda maledicencia, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor. Acercándoos a Él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.
Evangelio. San Mateo 21, 12-16
En aquel tiempo: Entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo; volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa será llamada casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y vinieron a Él en el templo ciegos y cojos, y los sanó. Pero los príncipes de los sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos clamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David!, se indignaron, y le dijeron: ¿Oyes lo que estos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?
Témporas en las Cuatro Estaciones
La Colecta
Omnipotente Dios, que has confiado en manos de hombres el ministerio de reconciliación: humildemente te suplicamos que, por la inspiración de tu Santo Espíritu, dispongas los corazones de muchos para que se dediquen al ministerio, a fin de que la humanidad pueda ser atraída a tu bendito reino; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Hechos 13, 44-49
En aquellos días: El siguiente sábado se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios. Pero viendo los judíos la multitud, se llenaron de celos y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando. Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles. Porque así nos ha mandado el Señor: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor; y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna. Y la palabra del Señor se difundía por toda aquella provincia.
Evangelio. San Lucas 4, 16-21
En aquel tiempo: Vino Jesús a Nazaret, donde se había criado; y en el día de sábado entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo devolvió al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.
Natividad de Nuestro Señor
La Colecta
Omnipotente Dios, que nos diste a tu unigénito Hijo para que tomase sobre sí nuestra naturaleza y naciese en un tiempo como este de una virgen pura: concede que, siendo regenerados y hechos tus hijos por adopción y gracia, seamos cada día renovados con tu Santo Espíritu; mediante el mismo nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo y el mismo Espíritu, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Epístola. Hebreos 1, 1-12
Hermanos: Muchas veces y de muchas maneras habló Dios antaño a los Padres por los Profetas; pero en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, al que constituyó heredero de todo, por quien hizo también los siglos; el cual, siendo el resplandor de su gloria y la figura de su sustancia, y sustentándolo todo con la palabra de su poder, habiendo hecho la purificación de los pecados, está sentado a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto más excelente que los ángeles cuanto que heredó más excelente nombre que ellos. Porque ¿a cuál de los ángeles dijo jamás: «Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy»? Y otra vez: «Yo le seré a Él Padre, y Él me será a Mí Hijo». Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en la redondez de la tierra, dice: «Y adórenle todos los ángeles de Dios». Asimismo, de los ángeles dice: «El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego»; mas al Hijo le dice: «Tu trono, oh Dios, permanece por los siglos de los siglos; vara de equidad es la vara de tu reino. Amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por eso te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría con preferencia a tus compañeros». Y: «Tú, Señor, en el principio fundaste la tierra, y obra de tus manos son los cielos. Ellos perecerán, mas Tú permanecerás; y todos se envejecerán como un vestido, y como un manto los mudarás, y quedarán mudados; mas Tú eres el mismo, y tus años no fenecerán».
Evangelio. San Juan 1, 1-14
En el principio existía ya el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio en Dios. Por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; y esta luz resplandece en las tinieblas, pero las tinieblas no la comprendieron. Hubo un hombre enviado de Dios, cuyo nombre era Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que por él todos creyesen. Él no era la luz, sino el que había de dar testimonio de la luz. Era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por Él, ¡mas el mundo no le conoció! Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, que son los que creen en su nombre, dioles potestad de llegar a ser hijos de Dios; los cuales nacen, no de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de querer de hombre, sino que nacen de Dios. Y el Verbo se hizo carne (aquí se arrodilla), y habitó entre nosotros; y nosotros hemos visto su gloria, gloria cual el Unigénito debía recibir del Padre, lleno de gracia y de verdad.
San Esteban, Protomártir
La Colecta
Concede, oh Señor, que en todos nuestros padecimientos aquí en la tierra por atestiguar tu verdad, fijemos nuestra vista en el cielo y, por medio de la fe, contemplemos la gloria que nos ha de ser revelada; y que, llenos del Espíritu Santo, aprendamos a amar y bendecir a nuestros perseguidores, según el ejemplo de tu primer mártir san Esteban, quien te rogó por sus verdugos, oh bendito Jesús, Tú que estás a la diestra de Dios para socorrer a todos los que sufren por ti, nuestro solo Mediador y Abogado. Amén.
Epístola. Hechos 7, 55-60
En aquellos días: Esteban, lleno del Espíritu Santo, mirando al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús en pie a la diestra de Dios; y dijo: Veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Dios. Entonces ellos, clamando con gran griterío, se taparon los oídos, y todos a una embistieron contra él; y sacándole fuera de la ciudad, le apedreaban. Los testigos depositaron sus vestidos a los pies de un mancebo, que se llamaba Saulo. Y apedreaban a Esteban, que oraba y decía: ¡Señor Jesús, recibe mi espíritu! Y puesto de rodillas, clamó en alta voz, diciendo: Señor, no les imputes este pecado. Y dicho esto, durmióse en el Señor.
Evangelio. San Mateo 23, 34-39
En aquel tiempo, dijo Jesús a los escribas y fariseos: Mirad, os envío profetas, y sabios, y escribas; y de ellos mataréis a unos, crucificaréis a otros, a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y los perseguiréis de ciudad en ciudad; para que recaiga sobre vosotros toda la sangre inocente que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien asesinasteis entre el templo y el altar. Yo os aseguro que todas estas cosas vendrán a caer sobre la actual generación. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise recoger a tus hijos, como la gallina recoge a sus polluelos bajo las alas, y no quisiste! Pues bien, vuestra casa va a quedar desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis más, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.
San Juan, Apóstol y Evangelista
La Colecta
Misericordioso Señor, te suplicamos que derrames sobre tu Iglesia los brillantes rayos de tu luz, para que, siendo iluminada con la doctrina de tu bendito Apóstol y Evangelista san Juan, camine de tal modo a la luz de tu verdad, que finalmente alcance la vida celestial; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. 1 San Juan 1, 1-10
Carísimos: Lo que fue desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de vida —pues la Vida se manifestó, y la vimos, y damos testimonio, y os anunciamos la Vida eterna, que estaba en el Padre y se nos manifestó—; lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros, y nuestra comunión sea con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Y os escribimos estas cosas para que os gocéis, y vuestro gozo sea cumplido. Y este es el mensaje que de Él hemos oído y os anunciamos: que Dios es luz, y en Él no hay tiniebla alguna. Si dijéremos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Mas si andamos en la luz, como Él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado. Si dijéremos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel es Él y justo para perdonarnos los pecados y limpiarnos de toda maldad. Si dijéremos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
Evangelio. San Juan 21, 19-25
En aquel tiempo: Dijo Jesús a Pedro: Sígueme. Volviéndose Pedro, vio que le seguía aquel discípulo a quien amaba Jesús, el que en la cena se había recostado sobre su pecho y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? Viéndole, pues, Pedro, dijo a Jesús: Señor, y de este, ¿qué? Respondióle Jesús: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú, sígueme. Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo: No morirá; sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las escribió; y sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales, si se escribiesen una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir.
Santos Inocentes
La Colecta
Omnipotente Dios, que por boca de los pequeñuelos y de los niños de pecho fundaste tu fortaleza, e hiciste que los parvulitos te glorificaran con su muerte: mortifica y destruye en nosotros todo género de vicios, y fortalécenos con tu gracia; para que, por la inocencia de nuestras vidas y por la constancia de nuestra fe hasta la muerte, glorifiquemos tu santo Nombre; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Apocalipsis 14, 1-5
En aquellos días: Miré, y he aquí el Cordero que estaba en pie sobre el monte Sión, y con Él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían escrito en la frente el nombre de Él y el nombre de su Padre. Y oí una voz del cielo, como voz de muchas aguas y como voz de un gran trueno; y la voz que oí era como de citaristas que tañían sus cítaras. Y cantaban como un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro vivientes y de los ancianos; y ninguno podía aprender aquel cántico, sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, que fueron rescatados de la tierra. Estos son los que no se mancharon con mujeres, porque son vírgenes. Estos siguen al Cordero adondequiera que va. Estos fueron rescatados de entre los hombres, como primicias para Dios y para el Cordero; y en su boca no se halló mentira, porque están sin mancha delante del trono de Dios.
Evangelio. San Mateo 2, 13-18
En aquel tiempo: El ángel del Señor apareció en sueños a José, diciendo: Levántate, toma al Niño y a su Madre, y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te avise; porque Herodes ha de buscar al Niño para matarle. Él, levantándose de noche, tomó al Niño y a su Madre, y se retiró a Egipto; y permaneció allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliese lo que dijo el Señor por el profeta: De Egipto llamé a mi Hijo. Entonces Herodes, viéndose burlado por los magos, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en toda su comarca, de dos años para abajo, conforme al tiempo que había averiguado de los magos. Entonces se cumplió lo que dijo el profeta Jeremías: Una voz se oyó en Ramá, lloro y gran lamento: Raquel llorando a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque ya no existen.
Circuncisión de Cristo
La Colecta
Dios todopoderoso, que permitiste que tu bendito Hijo fuese circuncidado y sujeto a la ley por los hombres: otórganos la verdadera circuncisión del Espíritu; para que, teniendo nuestros corazones y todos nuestros miembros mortificados de todo deseo mundano y carnal, te obedezcamos en todo y por todo según tu santa voluntad; mediante el mismo Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor. Amén.
Epístola. Filipenses 2, 9-13
Hermanos: Dios ensalzó a Jesús y le dio un nombre que es sobre todo nombre; para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre. Por tanto, carísimos míos, así como siempre habéis obedecido, no solo estando yo presente, sino mucho más ahora en mi ausencia, obrad vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es el que obra en vosotros el querer y el obrar, según su buena voluntad.
Evangelio. San Lucas 2, 15-21
En aquel tiempo: Los pastores se decían unos a otros: Vayamos hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. Fueron, pues, apresuradamente, y hallaron a María, y a José, y al Niño reclinado en el pesebre. Y viéndole, entendieron lo que se les había dicho acerca de aquel Niño. Y todos los que lo oyeron se maravillaron de lo que los pastores les decían. Mas María guardaba todas estas cosas, ponderándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según se les había dicho. Y cumplidos los ocho días para circuncidar al Niño, le pusieron por nombre Jesús, el que le había puesto el ángel antes de ser concebido en el seno.
La Epifanía
La Colecta
Oh Dios, que por medio de una estrella manifestaste tu unigénito Hijo a los gentiles: concede, por tu misericordia, que nosotros, que ahora te conocemos por la fe, después de esta vida tengamos la fruición de tu gloriosa Deidad; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Efesios 3, 1-12
Hermanos: Yo, Pablo, prisionero de Jesucristo por vosotros los gentiles, pues habéis oído la dispensación de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros: cómo por revelación me fue dado a conocer el misterio, según antes lo escribí en breves palabras, por donde, leyéndolo, podéis entender mi conocimiento en el misterio de Cristo, el cual en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres como ahora ha sido revelado a sus santos Apóstoles y Profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y de un mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Jesucristo por el Evangelio, del cual yo fui hecho ministro, según el don de la gracia de Dios que me ha sido dada por la operación de su poder. A mí, el menor de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo, y de esclarecer a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada, por medio de la Iglesia, a los principados y potestades en los cielos, conforme al eterno designio que realizó en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos libertad y acceso confiado a Dios por la fe en Él.
Evangelio. San Mateo 2, 1-12
Cuando hubo nacido Jesús en Belén de Judá, en tiempo del rey Herodes, unos Magos vinieron de Oriente a Jerusalén, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarle. El rey Herodes, al oír esto, se turbó, y toda Jerusalén con él; y convocando a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les preguntaba dónde había de nacer el Cristo. Y ellos le dijeron: En Belén de Judá; porque así está escrito por el Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti ha de salir el Caudillo que regirá a mi pueblo de Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto a los Magos, se informó de ellos cuidadosamente acerca del tiempo en que les apareció la estrella; y enviándolos a Belén, les dijo: Id e informaos cuidadosamente del Niño, y cuando le hubiereis hallado, hacédmelo saber, para que yo también vaya a adorarle. Ellos, después de oír al rey, se fueron. Y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que, viniendo, se paró sobre el lugar donde estaba el Niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de grandísimo gozo; y entrando en la casa, hallaron al Niño con María, su Madre (aquí se arrodilla), y postrándose, le adoraron; y abiertos sus tesoros, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y avisados en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Domingo de Pentecostés
La Colecta
Oh Dios, que en un tiempo como este instruiste los corazones de tus fieles enviándoles la luz de tu Santo Espíritu: concédenos, por medio del mismo Espíritu, tener recto juicio en todas las cosas y gozarnos siempre en su santo consuelo; por los méritos de Cristo Jesús nuestro Salvador, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Epístola. Hechos 2, 1-11
Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo, como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados. Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud, y estaban confusos, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: He aquí, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar, cada uno en nuestra propia lengua en que hemos nacido? Partos, medos y elamitas; y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y Capadocia, en el Ponto y Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Libia junto a Cirene; y romanos aquí residentes, judíos y prosélitos, cretenses y árabes: les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
Evangelio. San Juan 14, 15-31
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; mas vosotros le conocéis, porque permanece con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; mas vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. Le dijo Judas, no el Iscariote: Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, guardará mi palabra; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. Estas cosas os he hablado estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vuelvo a vosotros. Si me amarais, os regocijaríais de que voy al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Y ahora os lo he dicho antes que acontezca, para que cuando acontezca, creáis. No hablaré ya mucho con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo; y él nada tiene en mí. Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vámonos de aquí.
Domínica antes de Adviento
La Colecta
Te suplicamos, oh Señor, mueve la voluntad de tu pueblo fiel, y concédele que, produciendo abundantemente el fruto de buenas obras, reciba de ti abundante premio; mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Epístola. Jeremías 23, 5-8
He aquí que vienen días, dice el Señor, en que levantaré a David un renuevo justo; y reinará como Rey, el cual será prudente, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: EL SEÑOR, JUSTICIA NUESTRA. Por tanto, he aquí que vienen días, dice el Señor, en que no dirán más: Vive el Señor, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto; sino: Vive el Señor, que hizo subir y trajo la descendencia de la casa de Israel de la tierra del norte y de todas las tierras adonde yo los había arrojado; y habitarán en su propia tierra.
Evangelio. San Juan 6, 5-14
En aquel tiempo: Alzando Jesús los ojos, y viendo que había venido a Él una gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman estos? Mas esto decía para probarle, porque Él bien sabía lo que había de hacer. Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no les bastarían, para que cada uno tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? Entonces Jesús dijo: Haced sentar a los hombres. Había mucha hierba en aquel lugar. Y se sentaron los varones, en número como de cinco mil. Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los discípulos, y los discípulos a los que estaban sentados; y asimismo de los pececillos, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que han sobrado, para que no se pierda nada. Los recogieron, pues, y llenaron doce cestos de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres, viendo la señal que Jesús había hecho, decían: Este es verdaderamente el profeta que había de venir al mundo.